El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, ha recibido una crítica llamativa desde un entorno muy cercano. Stanley Druckenmiller, el multimillonario que tuteló a Bessent al inicio de su carrera, considera que su antiguo discípulo se equivoca al intentar rebajar los tipos a largo plazo en Estados Unidos.

Para lograrlo, Bessent quiere aumentar las recompras de bonos del Tesoro a largo plazo. Pero, según Druckenmiller, Washington estaría intentando silenciar una señal de alerta importante del mercado. Con la deuda pública estadounidense por encima de los 40 billones de dólares, los inversores exigen rendimientos cada vez más altos para prestar dinero al Gobierno.

El antiguo mentor de Bessent lanza una advertencia

Druckenmiller es uno de los inversores más conocidos de Wall Street. Trabajó durante años junto a Bessent y George Soros, y construyó parte de su reputación apostando contra gobiernos y bancos centrales cuando, a su juicio, sus políticas chocaban con la realidad económica.

Precisamente por eso resulta significativa su advertencia a Bessent. “Los gobiernos que defienden los precios frente a la realidad fundamental siempre acaban perdiendo”, escribió Druckenmiller en un artículo de opinión publicado en The Wall Street Journal.

En su opinión, Washington no debería intentar contener el repunte de los rendimientos de los bonos. Esa subida es, precisamente, una señal relevante de que los inversores están preocupados por cuestiones como la inflación, los déficits presupuestarios y la sostenibilidad de las finanzas públicas de Estados Unidos.

Esa advertencia cobra cada vez más importancia. El rendimiento de los bonos del Tesoro estadounidense a 30 años ha subido hasta su nivel más alto en casi dos décadas, mientras la deuda pública del país ya supera los 40 billones de dólares.

Es una combinación incómoda para Washington. Cuanto más suben los tipos, más caro resulta refinanciar la enorme montaña de deuda y emitir nueva deuda.

Por qué Washington quiere presionar a la baja los tipos

Bessent intenta aliviar la presión mediante más recompras de bonos del Tesoro a largo plazo. Una mayor demanda de estos títulos puede sostener sus precios y empujar los rendimientos a la baja.

Eso no solo ayudaría a Washington. Los rendimientos de la deuda estadounidense influyen en los costes de financiación de las empresas, las hipotecas y otros préstamos. Unos tipos a largo plazo más bajos pueden relajar las condiciones financieras y apoyar la economía.

Druckenmiller considera que ahí reside precisamente el peligro. Según él, los tipos a largo plazo son uno de los últimos mecanismos con los que los mercados financieros pueden obligar al Gobierno estadounidense a ordenar sus cuentas.

“El tipo a largo plazo de Estados Unidos es el precio más importante del mundo. También es la única disciplina presupuestaria que le queda a EE. UU.”, escribió.

Además, Druckenmiller sostiene que los niveles actuales de tipos no son especialmente restrictivos. Recuerda que el rendimiento a diez años se sitúa aproximadamente en línea con el crecimiento económico nominal.

La presión puede trasladarse al dólar y a Bitcoin

Otros analistas también advierten de que Washington no resolverá los problemas de fondo con recompras de bonos. Los elevados rendimientos se explican en parte por la preocupación por los déficits presupuestarios, la inflación y el enorme volumen de nueva deuda estadounidense que los inversores deben absorber.

Si el Gobierno intenta contener artificialmente los tipos, la tensión podría trasladarse simplemente a otro lugar, según Gareth Berry, de Macquarie. Así, unos rendimientos más bajos de los bonos podrían ir acompañados de un dólar estadounidense más débil.

Esto también es relevante para Bitcoin (BTC) y el oro. Ambos activos han subido en los últimos tiempos, justo cuando los inversores muestran más inquietud por el volumen de deuda de Estados Unidos y el valor del dólar.

El propio Departamento del Tesoro subraya que las recompras están destinadas sobre todo a facilitar la negociación de bonos antiguos. Druckenmiller no cree que sea necesario intervenir para ello. Según él, el mercado de bonos funciona actualmente de forma ordenada.

Su mensaje a Bessent es, por tanto, claro. La subida de los tipos no es un problema que Washington deba ocultar, sino una advertencia que el Gobierno estadounidense debería tomarse en serio.

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