Crece la inquietud por una posible burbuja de la IA, pero Jensen Huang mantiene intacto su optimismo. Según el consejero delegado de Nvidia, el sector de la inteligencia artificial ha entrado en una nueva fase. Ya no gira principalmente en torno a la investigación, los experimentos y las promesas.

Huang sostiene que el sector se encuentra ya en una fase de “fuerte escalado de producción”, en la que los productos de IA se despliegan a gran escala y empiezan a generar ingresos reales.

Es exactamente el argumento que esperaban los alcistas de la IA. Porque la gran pregunta en torno a este mercado no es si la inteligencia artificial resulta impresionante. Eso ya ha quedado claro. La cuestión es si las enormes inversiones en chips, centros de datos y capacidad de cálculo acabarán ofreciendo una rentabilidad suficiente.

De la investigación a la producción

Huang afirma que la IA ha estado durante los últimos diez o quince años principalmente en una fase de investigación. Según él, eso ha cambiado este año.

Empresas como OpenAI y Anthropic están pasando de los laboratorios a convertirse en verdaderas compañías de producto. Sus modelos los utilizan consumidores, empresas y administraciones públicas. Como resultado, la demanda de capacidad de cálculo crece más rápido que nunca.

Nvidia se beneficia directamente de esa tendencia. La compañía elevó su previsión de ingresos trimestrales hasta los 108.000 millones de dólares, frente a los 96.200 millones anteriores. Este tipo de cifras refuerza la idea de que el ciclo de la IA no se está frenando por ahora, sino que se acelera.

El mercado exige pruebas

Aun así, el debate no ha terminado. La semana pasada, las empresas de chips se vieron presionadas después de que figuras como Dario Amodei, de Anthropic; Sam Altman, de OpenAI; y Elon Musk se mostraran partidarios de ralentizar el ritmo de desarrollo de la IA.

Eso alimentó el temor a que el sector esté avanzando demasiado rápido. Si las empresas de IA lanzan nuevos modelos a un ritmo más lento, podría resentirse la demanda de chips y centros de datos. Y, dado que Nvidia vale ya alrededor de 5,3 billones de dólares, incluso una pequeña duda sobre su crecimiento futuro puede provocar fuertes movimientos en bolsa.

Por eso todo gira en torno a las pruebas. No a grandes relatos sobre la inteligencia artificial, sino a ingresos, beneficios y rentabilidad de las inversiones.

¿Burbuja o crecimiento estructural?

La comparación con una burbuja es comprensible. Está entrando una cantidad gigantesca de capital en la IA. Las empresas construyen centros de datos, compran chips, firman contratos de energía y financian infraestructuras a una escala que empieza a resultar casi incómoda.

Pero el contraargumento de Huang tiene peso. Esta tecnología ya se utiliza de forma amplia y ya genera ingresos. Eso diferencia la actual ola de la IA de una mera fantasía.

El punto débil está en otra parte. Si finalmente los clientes se muestran menos dispuestos de lo previsto a pagar por productos de IA, o si los grandes proveedores de nube reducen sus inversiones, el relato puede cambiar rápidamente.

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