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La comunidad Bitcoin está profundamente dividida por una llamativa propuesta del fundador de Binance, Changpeng Zhao (CZ). Zhao sugiere que los cerca de 1,1 millones de Bitcoin de Satoshi Nakamoto, valorados hoy en unos 68.000 millones de dólares, podrían tener que congelarse en el futuro para evitar que acaben en manos de quienes utilicen ordenadores cuánticos.

La idea toca uno de los principios más básicos de Bitcoin: que nadie puede disponer de las monedas de otra persona sin las claves privadas correspondientes. Por eso su planteamiento ha generado controversia de inmediato.

Por qué el debate estalla ahora

Changpeng Zhao abordó el asunto en el pódcast Galaxy Brains, de Galaxy Research. Según el fundador de Binance, Bitcoin tendrá que migrar con el tiempo a nuevas firmas criptográficas resistentes a los ordenadores cuánticos.

Su propuesta consiste en dar a los titulares de monederos antiguos y vulnerables un plazo de seis a doce meses para trasladar sus Bitcoin a direcciones seguras. Las monedas que después de ese periodo sigan en direcciones antiguas podrían congelarse mediante un cambio en el protocolo.

«Si no hacemos nada, en la práctica se las estaremos regalando a quien consiga hackearlas en el futuro», afirmó Zhao.

El ejecutivo subrayó que una medida así solo sería posible mediante una bifurcación dura, o hard fork. Para ello haría falta un amplio respaldo de la comunidad Bitcoin. Ni Binance ni ninguna otra parte podrían tomar una decisión de este tipo por su cuenta.

Tras la polémica generada por sus declaraciones, Zhao matizó su postura. Aseguró que no se refería específicamente a los Bitcoin de Satoshi Nakamoto, sino a todos los monederos vulnerables que queden desatendidos tras una transición hacia mecanismos de seguridad resistentes a la computación cuántica. Además, señaló que resulta difícil delimitar con precisión las tenencias de Satoshi. La estimación de 1,1 millones de Bitcoin está repartida entre unas 22.000 direcciones, cada una con alrededor de cincuenta BTC procedentes de los primeros años de la red.

La amenaza cuántica gana cada vez más atención

El debate se ha visto avivado por los rápidos avances en ordenadores cuánticos. Estos equipos pueden realizar determinados cálculos mucho más rápido que los sistemas tradicionales. En teoría, algún día podrían llegar a obtener la clave privada de monederos de Bitcoin vulnerables una vez que la clave pública sea visible. Con ello, los atacantes podrían robar todo el contenido de ese monedero.

La preocupación aumentó después de que Google publicara en marzo una investigación según la cual un ataque de este tipo podría requerir veinte veces menos capacidad de cálculo de lo que se pensaba hasta ahora. Eso no significa que la amenaza vaya a materializarse a corto plazo, pero sí que el desarrollo técnico parece avanzar más rápido de lo que muchos expertos esperaban.

Las direcciones de Bitcoin más antiguas son especialmente vulnerables. En esos monederos, la clave pública es directamente visible en la blockchain, mientras que las direcciones más recientes ofrecen una protección adicional porque esa clave solo se revela cuando se realiza una transacción. Según investigadores de seguridad, se estima que entre cinco y siete millones de Bitcoin se encuentran en direcciones antiguas o inactivas desde hace años. Esto equivale a casi un tercio del suministro máximo de Bitcoin.

Por ahora, sin embargo, el riesgo sigue siendo teórico. No existe todavía ningún ordenador cuántico capaz de ejecutar un ataque de este tipo. Además, las previsiones varían: algunos expertos creen que podría ser posible en un plazo de diez años, mientras que otros esperan que aún falten varias décadas.

La comunidad Bitcoin choca por principios fundamentales

La discusión muestra hasta qué punto el asunto es delicado. Para muchos defensores de Bitcoin no se trata solo de seguridad, sino también de si la red debe intervenir alguna vez sobre los derechos de propiedad.

El inversor Michael Terpin se opone frontalmente a congelar monedas. En su opinión, Bitcoin renunciaría así a un principio fundamental: que nadie necesita permiso para gestionar su propio patrimonio. Si la comunidad puede decidir qué monedas pueden gastarse y cuáles no, se abriría, según él, un precedente peligroso. Incluso si los Bitcoin de Satoshi fueran robados algún día y vendidos masivamente en el mercado, Terpin espera que el precio acabe recuperándose.

El desarrollador Jameson Lopp ve el debate de otra manera. A su juicio, la cuestión no gira en torno al patrimonio de Satoshi, sino a cómo puede la red migrar de forma segura hacia una tecnología resistente a la computación cuántica. Lopp participó en un plan de migración que daría a usuarios, plataformas de negociación y custodios varios años para trasladar sus Bitcoin a nuevas direcciones. Solo después de esa transición se irían desactivando gradualmente los monederos vulnerables.

El director de Bitwise, Matt Hougan, busca en cambio una solución intermedia. No es partidario de congelar Bitcoin, pero tampoco quiere que un futuro atacante pueda hacerse con miles de millones de dólares en BTC. Por eso apunta a una propuesta del inversor de capital riesgo Nic Carter: colocar temporalmente los Bitcoin de Satoshi en una estructura jurídica, de modo que las monedas permanezcan a salvo hasta que alguien pueda demostrar su propiedad con pruebas históricas convincentes.

Para los tenedores de Bitcoin, de momento nada cambia. No hay ninguna propuesta oficial sobre la mesa ni tampoco un calendario. Aun así, el debate toca la propia identidad de Bitcoin. Si los ordenadores cuánticos llegan algún día a suponer una amenaza real, la comunidad tendrá que decidir qué pesa más: la inviolabilidad de la propiedad o la seguridad de la red.

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