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China ha dado un paso importante en la carrera espacial con Estados Unidos. Ingenieros chinos lograron el viernes capturar el propulsor de un cohete con una enorme red flotante en el mar.

Según medios estatales, se trató del Long March 10B, desarrollado por la estatal Academia China de Tecnología de Vehículos de Lanzamiento (CALT). El cohete realizó su primer vuelo desde Hainan, puso en órbita un satélite y después regresó parcialmente al mar.

Allí, el propulsor fue atrapado en una red instalada sobre una plataforma flotante. Puede parecer un detalle técnico, pero su importancia es considerable. Recuperar y reutilizar componentes de cohetes puede reducir de forma drástica el coste de los lanzamientos.

China sigue los pasos de SpaceX

Estados Unidos lleva años a la cabeza en cohetes reutilizables. SpaceX aterrizó por primera vez en 2015 un propulsor Falcon 9 tras un vuelo orbital. Desde entonces, esta tecnología ha rebajado de forma notable los costes de los lanzamientos de satélites.

China es ahora el segundo país que demuestra la recuperación de la primera etapa de un cohete orbital. Sin embargo, Pekín ha optado por un método distinto. Mientras SpaceX utiliza patas de aterrizaje en el Falcon 9, China capturó el propulsor con ganchos y una red en el mar. Según CALT, se trata de un estreno mundial.

La compañía prevé que el propulsor recuperado vuelva a utilizarse antes de que termine este año.

El espacio se convierte en una industria estratégica

El momento elegido es relevante. China aspira a convertirse de aquí a 2030 en una auténtica potencia espacial. En su último plan quinquenal, la industria aeroespacial aparece definida como un sector emergente clave.

Para lograrlo, el país necesita lanzar más a menudo y a menor coste. Hasta ahora, ese ha sido uno de sus principales obstáculos. Muchos cohetes chinos regresaban a la Tierra sin control o acababan convertidos en basura espacial, lo que encarece los lanzamientos y los hace menos eficientes.

La batalla por las redes de satélites

La tecnología también es clave para la ambición de China de construir sus propias redes de satélites capaces de competir con Starlink, de SpaceX.

Según los expertos, la capacidad de lanzamiento sigue siendo uno de los mayores cuellos de botella para China. Hay abundante financiación y respaldo político, pero el ritmo de lanzamientos de satélites continúa rezagado.

Si China consigue utilizar cohetes reutilizables de forma fiable, ese ritmo podría acelerarse con fuerza en los próximos años.

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