China se prepara para responder a las nuevas sanciones de Estados Unidos contra Irán y amenaza abiertamente con adoptar contramedidas. Pekín se niega a romper sus vínculos con Teherán mientras Washington eleva la presión. Aunque el paquete de sanciones incluye una excepción llamativa.

Pekín advierte a Washington de las consecuencias

Hoy llegó desde Pekín la primera reacción oficial al paquete que el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, presentó ayer . El portavoz del Ministerio de Exteriores chino, Lin Jian, afirmó que China rechaza las sanciones unilaterales.

Según Lin, este tipo de medidas punitivas aumenta el riesgo de escalada. La tarea más urgente ahora es reducir las tensiones y volver a la vía de la negociación, sostuvo.

Preguntado por cómo responderá su país, Lin se limitó a lanzar una advertencia. “La cooperación de China con Irán siempre se ha desarrollado dentro del marco internacional y no debe ser perturbada ni socavada”, señaló.

“China sigue de cerca los acontecimientos relevantes y adoptará todas las medidas necesarias para proteger con firmeza sus propios intereses”. No detalló posibles represalias concretas.

Los grandes bancos chinos quedan al margen

Horas antes, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos incluyó a decenas de personas y empresas en su lista de sanciones, bajo el nombre de Operation Economic Outcast. También figuran entidades de Hong Kong.

Sin embargo, las mayores entidades financieras chinas quedaron fuera. Parece una medida a medias, y lo es: Washington encarece los negocios con Teherán sin asumir el coste de un choque directo con Pekín.

Con esta campaña, Bessent busca cerrar las últimas vías de financiación hacia Teherán. El eje son las sanciones secundarias, es decir, castigos a quienes sigan haciendo negocios con Irán.

¿Qué puede hacer Pekín en respuesta?

La principal palanca de China está en el petróleo. El país compra la mayor parte de las exportaciones iraníes y en 2025 fue el segundo socio comercial de Irán, por detrás de Emiratos Árabes Unidos. Cualquier medida estadounidense que afecte a ese flujo toca también intereses chinos.

Ese segundo puesto probablemente ya se haya convertido en el primero. Emiratos asegura haber roto todos sus lazos económicos con Teherán tras acusar a Irán de disparar misiles balísticos contra su territorio.

Así, China queda como el mayor comprador, precisamente el país al que Estados Unidos evita golpear por ahora. El presidente chino, Xi Jinping, está previsto que viaje a Washington en septiembre. Si antes de esa fecha un gran banco chino acaba entrando en la lista, la frágil tregua comercial entre ambos países volverá a quedar inmediatamente en entredicho.

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