El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, estudia restringir las exportaciones de diésel para reducir los elevados precios de los carburantes en el país. La Casa Blanca mantiene reuniones de crisis para evaluar posibles medidas. Una prohibición de las exportaciones podría tener graves consecuencias para Europa, que depende cada vez más del diésel estadounidense.

Trump busca aliviar cuanto antes los costes que soportan los agricultores, las empresas de transporte y los consumidores estadounidenses. Sin embargo, los expertos advierten de que prohibir las exportaciones podría resultar contraproducente y agravar la crisis energética fuera de Estados Unidos.

Trump busca frenar el precio récord del diésel

Los precios del diésel han alcanzado máximos históricos en Estados Unidos. Esto supone para Trump no solo un problema económico, sino también un riesgo político de cara a las elecciones legislativas de noviembre.

Trump ya se había mostrado partidario de limitar las exportaciones. Reducir los envíos de diésel estadounidense al extranjero permitiría aumentar la disponibilidad de combustible en el mercado nacional. Esa mayor oferta debería, a su vez, abaratar los precios en las gasolineras.

La Casa Blanca aún no ha tomado una decisión definitiva. Trump evalúa distintas opciones para reducir los precios de los carburantes. Dentro de su propia Administración también se debate sobre las consecuencias de prohibir las exportaciones.

El secretario de Energía, Chris Wright, se ha mostrado crítico con una prohibición total. Las refinerías producen varios combustibles a la vez. Si las empresas no pueden vender su diésel en el extranjero, podrían optar por reducir su producción total, lo que acabaría encareciendo también la gasolina y el queroseno.

La industria petrolera estadounidense también se opone a las restricciones a la exportación. En el otro lado se sitúan, entre otros, los estados agrícolas, donde los elevados precios del diésel golpean con fuerza. Los agricultores consumen grandes cantidades de combustible durante la temporada de cosecha y temen que sus costes sigan aumentando.

Europa podría sufrir un duro golpe

Europa tiene mucho en juego. Estados Unidos es actualmente un proveedor clave de diésel. Según los datos más recientes, el combustible estadounidense representó en agosto alrededor de la mitad de las importaciones europeas de diésel. En los Países Bajos y el Reino Unido, esa proporción fue considerablemente mayor.

Por ello, la Unión Europea intenta convencer a Washington de que no imponga una prohibición total de las exportaciones. La Comisión Europea considera que sería una mala decisión y advierte de que ambas economías podrían verse perjudicadas.

Europa tendría dificultades para compensar a corto plazo una suspensión de las exportaciones estadounidenses. Rusia fue durante años un proveedor importante, pero la guerra en Ucrania y las sanciones impuestas a raíz del conflicto han alterado profundamente los flujos de combustible ruso. El conflicto en Oriente Próximo también ha reducido la disponibilidad mundial de diésel.

Además, Europa cuenta con menos capacidad de refino que antes. Esto dificulta la opción de importar más crudo y procesarlo para producir cantidades suficientes de diésel y queroseno.

La experta en energía Lucia van Geuns advierte de que las consecuencias podrían ir mucho más allá de los precios en las gasolineras. El diésel desempeña un papel importante en el transporte de mercancías por carretera, la agricultura y el transporte marítimo. Por ello, el aumento de los costes del combustible podría acabar trasladándose a los precios de numerosos bienes y servicios.

La escasez de diésel se convierte en un problema mundial

El debate en Washington llega en un momento en el que el mercado internacional del diésel ya está sometido a una fuerte presión. Los conflictos en Ucrania y Oriente Próximo han limitado el suministro de combustible, y otros proveedores no pueden sustituir fácilmente la oferta estadounidense.

China y Corea del Sur, por ejemplo, apenas exportan pequeñas cantidades de diésel a Europa. También ha disminuido el suministro procedente de la India. Por tanto, son pocos los países que podrían aportar con rapidez suficiente diésel adicional si las refinerías estadounidenses redujeran drásticamente sus exportaciones.

Trump se enfrenta así a un difícil dilema. Restringir las exportaciones podría aumentar a corto plazo la cantidad de diésel disponible en Estados Unidos. Sin embargo, las empresas energéticas y los expertos advierten de que las refinerías estadounidenses podrían recortar su producción si acumulan excedentes.

Las consecuencias también podrían notarse en el propio mercado estadounidense. Trump reconoció el miércoles que las medidas sobre las exportaciones de diésel podrían encarecer otros combustibles. Aún no se ha tomado una decisión definitiva sobre una restricción total o parcial.

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