Greenfield Capital ha presentado una queja formal contra la dirección de Safe Ecosystem Foundation. La firma de inversión considera que Safe no está siguiendo el ritmo de crecimiento del mercado de las criptomonedas y reclama cambios en su estructura de gobierno. Tras meses de conversaciones sin resultados, el caso está ahora en manos de la autoridad federal suiza de supervisión de fundaciones.

En una carta abierta a la comunidad de Safe, el cofundador de Greenfield, Jascha Samadi, señala que la preocupación de su firma por la situación ha ido en aumento desde principios de 2025.

Según Samadi, tras más de un año de análisis, diálogo y paciencia, la firma ha llegado a la conclusión de que Safe no podrá desarrollar todo su potencial con la actual dirección.

Greenfield alerta del débil crecimiento de Safe

El conflicto llega en un momento clave para Safe. El proyecto aspira a alcanzar el equilibrio financiero en 2026 y, al mismo tiempo, duplicar sus ingresos. Safe había comunicado que, a finales de 2025, sus ingresos superaban los 10 millones de dólares en términos anualizados.

A largo plazo, sus objetivos son aún más ambiciosos. Safe quiere alcanzar unos ingresos recurrentes anuales de 100 millones de dólares en 2030.

Greenfield duda de que los resultados actuales permitan alcanzar esas metas. Según la firma, los ingresos del segundo trimestre fueron de 1,98 millones de dólares. De mantenerse ese ritmo durante todo un año, rondarían los 8 millones de dólares.

La cifra queda muy por debajo de los 20 millones de dólares que Safe tendría como objetivo para 2026. Greenfield advierte así de una brecha cada vez mayor entre las ambiciones del proyecto y sus resultados financieros.

Según Greenfield, el valor de los activos depositados en las cuentas de Safe también ha caído con fuerza. Entre enero de 2024 y agosto de 2026, pasó de 66.000 millones a 30.000 millones de dólares, una reducción de más de la mitad.

Greenfield destaca el contraste con el crecimiento de las finanzas descentralizadas (DeFi) en ese mismo periodo. Este sector engloba aplicaciones financieras basadas en cadenas de bloques que permiten, entre otras operaciones, custodiar, negociar o prestar activos digitales.

Según Greenfield, el valor total de los activos bloqueados en protocolos DeFi aumentó alrededor de un 40% durante ese periodo.

Safe pierde terreno en un mercado de monedas estables en expansión

Greenfield también observa una evolución preocupante en las monedas estables. Son monedas digitales cuyo valor suele estar vinculado a una divisa tradicional, como el dólar estadounidense. USDC y USDT figuran entre las más conocidas.

Según Greenfield, la oferta total de monedas estables creció alrededor de un 135% en el periodo analizado. En cambio, la cantidad de estas monedas en las cuentas de Safe en Ethereum aumentó solo un 11%.

También cayó con fuerza la proporción del total de USDC en circulación depositada en Safe. Según Greenfield, pasó del 12,8% al 2,5%.

Samadi considera esta evolución una importante señal de alerta. Safe ofrece una infraestructura que permite a los usuarios mantener el control de sus activos digitales. Por ello, sostiene que el proyecto debería estar bien situado para beneficiarse del crecimiento del mercado de monedas estables.

Sin embargo, según Greenfield, Safe lleva unos dos años y medio perdiendo terreno en este mercado.

El supervisor suizo deberá evaluar la estructura de gobierno de Safe

Greenfield atribuye buena parte de la responsabilidad a la estructura de gobierno de Safe Ecosystem Foundation. Según Samadi, faltan miembros independientes en su órgano de gobierno con experiencia en la toma de decisiones estratégicas clave.

La firma también señala posibles conflictos de intereses. Entre ellos, menciona el papel en Gnosis de Stefan George, miembro del órgano de gobierno de la fundación. Asimismo, cuestiona los vínculos de otro de sus miembros, Richard Meissner, con empresas que desarrollan y comercializan productos vinculados a Safe.

Por ello, Greenfield reclama cambios en el órgano de gobierno. La firma pide la sustitución de George y la incorporación de nuevos miembros independientes, ajenos a la estructura organizativa actual y con experiencia en finanzas, gestión de riesgos y estrategia empresarial.

Greenfield afirma que trasladó estas preocupaciones directamente a Safe Ecosystem Foundation durante meses. Como las conversaciones no dieron lugar a los cambios que reclamaba, ha recurrido ahora a la autoridad federal suiza de supervisión de fundaciones.

La firma solicita al supervisor que evalúe la estructura de gobierno y determine si es necesario adoptar medidas correctoras. El conflicto pasa así de un debate interno a un procedimiento formal ante la autoridad suiza.

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