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Los exportadores chinos observan con atención la reunión entre Donald Trump y Xi Jinping esta semana. No solo esperan una reducción de los aranceles estadounidenses, sino también el fin del conflicto con Irán.

Tras un año de tensiones comerciales, muchas empresas chinas se han adaptado a la nueva realidad. Han trasladado su producción, buscado nuevos mercados y trasladado en parte los mayores costos a los clientes. Sin embargo, las interrupciones causadas por la guerra con Irán son más difíciles de eludir.

Hormuz afecta toda la cadena comercial

El conflicto ha puesto bajo presión rutas marítimas importantes, especialmente alrededor del Estrecho de Hormuz. Esto provoca retrasos en las entregas y un aumento en los costos de transporte. Para los exportadores chinos, esto representa un problema mayor que los aranceles, ya que no afecta solo a un mercado, sino al comercio mundial.

Un ejemplo es Livall Tech de Shenzhen, fabricante de cascos inteligentes para bicicletas. Debido a los retrasos en el mar, la empresa a veces recurre a costosos envíos aéreos para llevar productos a Europa. Un viaje marítimo normal de 30 a 40 días ahora puede extenderse hasta unos 50 días.

Los puertos en Asia también enfrentan problemas. Shanghai y Ningbo sufren de congestión, escasez de mano de obra y problemas de capacidad. Como resultado, las tarifas de flete en las rutas hacia Europa y el Mediterráneo están aumentando.

La guerra es más difícil de gestionar que los aranceles

Según los exportadores, los aranceles son molestos pero manejables. Las empresas pueden trasladar parte de los costos, reubicar la producción o buscar clientes fuera de Estados Unidos.

La guerra con Irán es diferente. Afecta simultáneamente el transporte marítimo, la energía, las materias primas, los fertilizantes y los productos petrolíferos. Esto provoca un aumento generalizado de los costos en toda la economía.

En China, los costos de materias primas, combustible y energía aumentaron en abril un 3,5% interanual, frente al 0,8% de marzo. Esto indica que la guerra está comenzando a impactar cada vez más en los costos industriales.

Menor dependencia de Estados Unidos

La guerra comercial del año pasado ya obligó a las empresas chinas a volverse menos dependientes del mercado estadounidense. Las exportaciones a Estados Unidos disminuyeron un 20% el año pasado, pero las exportaciones a otras regiones crecieron significativamente.

Las exportaciones a África aumentaron un 25,8%, a Sudeste Asiático un 13,4%, a la Unión Europea un 8,4% y a América Latina un 7,4%. Las exportaciones a los Estados del Golfo también crecieron significativamente, alcanzando los 144,9 mil millones de dólares, casi el doble que en 2019.

Por lo tanto, los exportadores ya no esperan simplemente un regreso a la situación anterior de bajos aranceles y fácil acceso al mercado estadounidense. Cada vez más, consideran que las tensiones comerciales son la nueva normalidad.

Trump y Xi pueden traer calma

La reunión entre Trump y Xi es importante para la estabilidad geopolítica. Si ambos líderes apoyan la reapertura del Estrecho de Hormuz y la estabilidad en Oriente Medio, podría traer un alivio temporal.

Sin embargo, los analistas advierten que las negociaciones probablemente serán difíciles y que las tensiones marítimas no desaparecerán de inmediato.

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