El mercado empieza a contemplar seriamente una subida de tipos de la Reserva Federal en julio. Resulta llamativo, porque las bolsas aún no reflejan que los inversores den realmente por hecho el inicio de un nuevo ciclo de endurecimiento monetario.
El petróleo cotiza por encima de los 85 dólares por barril y la rentabilidad del bono estadounidense a dos años supera el 4,26%. Esto apunta a un aumento del temor a los tipos. Al mismo tiempo, sin embargo, el dólar se debilita, los futuros del Nasdaq avanzan y las acciones asiáticas de semiconductores recuperan parte de las pérdidas previas.
No es el comportamiento de un mercado plenamente convencido de que la Fed esté a punto de iniciar un ciclo prolongado de endurecimiento. Más bien es un mercado que lidia con la incertidumbre. Y precisamente por eso se abre ahora un periodo clave para Bitcoin (BTC), la renta variable y el oro.
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El petróleo vuelve a marcar el relato sobre los tipos
El detonante está claro. La tregua provisional entre Estados Unidos e Irán se ha roto. Vuelven a registrarse ataques contra petroleros y disminuye el tráfico marítimo por el estrecho de Ormuz.
Por tanto, un precio del petróleo por encima de los 85 dólares no responde solo a la retórica política. Hay un factor físico detrás. Para los inversores, la cuestión ya no gira únicamente en torno al propio crudo, sino también a la reacción del banco central estadounidense.
Una subida de tipos no puede reabrir el estrecho de Ormuz. La Fed no puede proteger petroleros ni añadir barriles al mercado. Lo que sí puede hacer el banco central es intentar evitar que el encarecimiento de la energía se traslade a una inflación más amplia, a salarios más altos y a unas expectativas de inflación al alza.
El IPC gana tiempo, pero no resuelve el problema
El dato de inflación más moderado publicado hace unos instantes da por ahora algo de oxígeno al mercado. La presión subyacente de los precios parece menos intensa de lo temido, lo que hace que una subida de tipos en julio sea menos evidente. Es una noticia favorable para los activos de riesgo.
Pero el IPC mira hacia atrás. El dato refleja sobre todo el periodo anterior al nuevo repunte del petróleo. Aún no muestra qué implica un precio del crudo sostenido por encima de los 85 dólares para los costes de transporte, los precios de los bienes, las expectativas de inflación y los salarios.
Por eso, el dato de inflación modifica el relato, pero no lo cierra. Una cifra más baja complica a Warsh justificar una subida inmediata de tipos. Al mismo tiempo, el petróleo sigue siendo el factor imprevisible.
Warsh debe aportar claridad
La mayor incertidumbre no es solo el precio del petróleo, sino también Kevin Warsh. El nuevo presidente de la Fed quiere prometer menos de cara al futuro y evitar fijar una senda concreta para los tipos. Es comprensible. Pero sin un marco claro, los operadores empezarán a interpretar por su cuenta cómo reaccionará la Fed.
Como consecuencia, cada movimiento del Brent pasa a tener automáticamente una implicación para la política monetaria. Si Warsh deja claro que la Fed solo actuará cuando haya pruebas de efectos de segunda ronda, parte del temor a los tipos podría disiparse del mercado.
Si mantiene la ambigüedad, el mercado seguirá exigiendo una prima adicional por el riesgo de una intervención inesperada.
Consecuencias para Bitcoin, la bolsa y el oro
Para Bitcoin, la clave es sobre todo la rentabilidad del bono estadounidense a dos años. Si cae con claridad tras el dato de inflación más moderado, Bitcoin tendrá margen para prolongar su recuperación. Si los tipos se mantienen elevados por el temor al petróleo, el camino al alza será más complicado.

Para la renta variable, la cuestión es la misma. Los valores tecnológicos y vinculados a la inteligencia artificial pueden recuperarse mientras los inversores crean que la Fed no tendrá que volver a endurecer con fuerza su política. Pero si el petróleo sigue impulsando las expectativas de tipos, las valoraciones elevadas volverán a estar bajo presión.
Para el oro, el panorama es mixto. La tensión geopolítica puede sostener la demanda de activos refugio. Pero un dólar más fuerte y unos tipos reales más altos juegan en contra.
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