Restablecer el tráfico marítimo normal por el estrecho de Ormuz está resultando especialmente complejo. Irán y Estados Unidos no solo discrepan sobre las condiciones de un acuerdo, sino también sobre una cuestión más de fondo: quién puede decidir bajo qué condiciones navegan los buques por esta ruta clave.
Mientras tanto, la situación en el mar sigue siendo peligrosa. Se estima que hay unas ochenta minas navales iraníes en torno a rutas marítimas importantes, mientras que, desde el fracaso de la tregua temporal, varios buques han vuelto a ser atacados. Irán, además, quiere que los barcos comerciales soliciten autorización para transitar y ve margen para obtener ingresos por el uso del estrecho.
Todo ello dificulta una vuelta completa a la normalidad en el tráfico marítimo. Un acuerdo no solo tendría que eliminar la amenaza militar, sino también aclarar cuestiones como las sanciones, las rutas de navegación, posibles tasas y el futuro control sobre Ormuz.
Decenas de minas navales hacen peligroso navegar por Ormuz
Antes de la guerra, los buques comerciales podían atravesar el estrecho de Ormuz con relativa libertad. Ahora eso ya no puede darse por hecho.
Irán habría colocado unas ochenta minas navales cerca de rutas que antes se utilizaban de forma intensiva. Los buques que quieran evitar esas zonas deben navegar más cerca de la costa de Irán o de Omán.
En el lado omaní, el ejército estadounidense ofrece cierta protección. Aun así, esa ruta tampoco está exenta de riesgos. Desde que se rompió la tregua temporal entre Irán y Estados Unidos, han vuelto a producirse ataques contra buques que navegaban por aguas omaníes.
Irán sostiene, por su parte, que los barcos comerciales necesitan una autorización explícita de Teherán para cruzar Ormuz. Según el país, la ruta a través de aguas territoriales iraníes es el único paso permitido.
Para las navieras, esto plantea un dilema. Al pedir autorización, pueden dar la impresión de que reconocen el derecho de Irán a controlar el tránsito. Además, existe el riesgo de que acuerdos o pagos a Irán entren en conflicto con las sanciones de Estados Unidos.
Irán quiere cobrar por el paso por Ormuz
La discusión, por tanto, no se limita a retirar minas y detener los ataques. Irán también quiere influir en la forma en que se gestione el estrecho de Ormuz en el futuro.
Teherán planteó a comienzos de agosto varias condiciones para una reapertura completa. Entre ellas, exige la retirada de las fuerzas estadounidenses desplegadas en torno al país y el levantamiento de las sanciones. También reclama compensaciones por los daños de guerra y el fin de los ataques contra grupos armados respaldados por Irán en países como Líbano, Irak, Yemen y Gaza.
Además, Irán ve Ormuz como una posible fuente de ingresos. Antes de la tregua temporal, según la fuente, en algunos casos se llegaron a solicitar de manera informal hasta 2 millones de dólares por un tránsito. De cara a futuros acuerdos, Teherán habla de pagos por los llamados servicios marítimos.
Esto vuelve a ser problemático para las navieras. Estados Unidos ya ha advertido anteriormente de que los pagos al Gobierno iraní pueden quedar sujetos a las sanciones estadounidenses.
EE. UU. e Irán chocan sobre quién fija las reglas
En última instancia, este podría ser el punto más difícil de las negociaciones. Irán y Estados Unidos mantienen una discrepancia fundamental sobre el estatus jurídico de la ruta marítima.
El estrecho de Ormuz atraviesa aguas territoriales de Irán y Omán. Según la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, los países deben permitir aun así el libre paso de los buques que utilizan estrechos internacionales. Tampoco pueden cobrar sin más por el mero tránsito.
Irán firmó la convención, pero nunca la ratificó. Estados Unidos tampoco es parte del tratado. Washington sostiene que el libre paso por los estrechos internacionales forma parte del derecho internacional consuetudinario y, por tanto, se aplica a todos los países.
Irán lo interpreta de otra manera y afirma que puede imponer restricciones al tráfico marítimo por motivos de seguridad nacional.
Precisamente por eso un acuerdo sobre Ormuz resulta tan complejo. No se trata solo de volver a garantizar la navegación segura de petroleros y otros buques comerciales. Washington y Teherán también deben ponerse de acuerdo sobre quién fijará las reglas una vez que regrese el tráfico marítimo normal.
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