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En Wall Street, la tokenización se perfila como el próximo gran salto del sistema financiero, y las cifras empiezan a respaldar esa promesa. En dos años, el valor registrado en cadena se ha multiplicado por cinco y todos los gigantes financieros participan en esta revolución.

Pero, junto a bonos del Tesoro y fondos de crédito convencionales, también están llegando a la blockchain activos de lo más llamativos.

Qué es exactamente la tokenización

La tokenización consiste en convertir un activo del mundo real en una prueba digital de propiedad en una blockchain. El activo en sí no cambia; lo que cambia es la forma en que se registra y se transmite su propiedad.

Eso mejora el acceso, la gestión, la liquidación y la transferibilidad. Pero no convierte una mala inversión en una buena.

El mercado ya roza los 38.000 millones de dólares, según datos de RWA.xyz. Hace un año superaba por poco los 18.000 millones y hace dos años ni siquiera alcanzaba los 5.000 millones.

Los grandes nombres del sector financiero ya están dentro.

BlackRock, la mayor gestora de activos del mundo, ha llevado varios fondos del mercado monetario a la blockchain, y Franklin Templeton, Fidelity, VanEck, WisdomTree y Janus Henderson también ofrecen fondos tokenizados con deuda estadounidense a corto plazo. JPMorgan y Goldman Sachs han desarrollado sus propias blockchains para clientes institucionales.

Nasdaq y la NYSE recibieron esta primavera autorización de la Securities and Exchange Commission (SEC) para negociar en formato tokenizado acciones del índice Russell 1000 y grandes ETF sobre índices. La medida se apoya en una prueba de la Depository Trust and Clearing Corporation (DTCC), la entidad que liquida prácticamente todo el mercado de valores estadounidense.

La mayor parte de los activos del mundo real tokenizados se concentra en instrumentos bastante poco llamativos. Los bonos del Tesoro de Estados Unidos son, con diferencia, la mayor categoría, seguidos de las materias primas, las estrategias de inversión activa, el crédito con garantía y, solo después, las acciones.

En los márgenes del mercado, sin embargo, la cosa es bastante menos aburrida.

Los diez activos tokenizados más insólitos

1. Un año de pedos. El cineasta Alex Ramírez-Mallis grabó durante la pandemia sus propias flatulencias durante un año y guardó cada grabación como token no fungible (NFT), una prueba digital única de propiedad. Se vendieron por 0,05 ether cada una, unos 85 dólares en aquel momento.

2. Vacas. La bolsa brasileña B3 llevó el mes pasado diez vacas a la blockchain como garantía de un préstamo de 100.000 reales brasileños, unos 19.600 dólares al cambio. El fondo de inversión Target FIDC asignó a cada vaca su propio token con una identidad digital cifrada, y B3 aspira a movilizar unos 80 millones de dólares en financiación respaldada por ganado.

3. Barricas de whisky. El whisky escocés gana valor a medida que envejece, y varias plataformas están llevando a la cadena barricas almacenadas en depósitos libres de impuestos especiales. Los compradores pueden adquirir una barrica entera o una fracción, aunque una barrica digital no sirve para ahogar las penas si el mercado se hunde.

4. Caballos de carreras. La plataforma Stablemans divide la propiedad de purasangres reales en participaciones digitales en Cardano y Solana. Los inversores participan en los premios, los derechos de cubrición y una eventual venta sin tener que comprar un caballo entero.

5. Uranio. La plataforma de negociación metals.io lleva este metal radiactivo a la blockchain de Tezos. Según su cofundador, Arthur Breitman, entre noviembre de 2024 y julio de 2026 se movieron unos 21,5 millones de dólares, repartidos en alrededor de 18.200 transacciones y 7.400 monederos.

6. Ingresos pesqueros. En la plataforma de tokenización Brickken se presentó una empresa chilena de procesamiento de pescado que quería emitir deuda cuyo interés variara en función de las ventas de pescado. El plan no prosperó, porque las cifras subyacentes seguían dependiendo de auditores y contratos.

7. Derechos musicales. El DJ y productor 3LAU ofreció en 2021 a sus seguidores la mitad de los ingresos por streaming de su canción Worst Case a través de su plataforma Royal. Un año después, el rapero Nas vendió allí los derechos de dos de sus temas, pero nunca llegó a consolidarse un mercado establecido.

8. Piel humana. La tenista croata Oleksandra Oliynykova subastó en 2021 los derechos publicitarios sobre una zona de piel de 15 por 18 centímetros en su brazo derecho. El ganador pagó 3 ethers, unos 5.400 dólares en aquel momento, y pudo decidir durante un año qué tatuaje luciría la jugadora en los torneos.

9. Un Banksy quemado. Un grupo llamado Burnt Banksy compró en 2021 la obra Morons (White) por unos 95.000 dólares y la prendió fuego ante la cámara. La prueba de la destrucción se vendió como NFT por unos 382.000 dólares.

10. El primer tuit. El empresario cripto Sina Estavi pagó 2,9 millones de dólares por el primer tuit de Jack Dorsey, cofundador de Twitter. Cuando un año después lo puso a la venta por 48 millones de dólares, se llevó un jarro de agua fría: la mejor oferta fue de 6.800 dólares.

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