Xi Jinping ha dejado claro que China no solo quiere participar en la carrera de la IA, sino también influir en las reglas del juego a escala mundial.
Durante una conferencia sobre IA en Shanghái, el presidente chino habló de cooperación internacional, supervisión y de la necesidad de evitar que la inteligencia artificial se descontrole. Pero detrás de ese lenguaje diplomático hay un mensaje de mayor calado.
China quiere convertirse en una potencia mundial de la IA. No solo en el plano tecnológico, sino también en el geopolítico.
La IA se convierte en arma diplomática
Casi 30 países, entre ellos Rusia, Brasil e Indonesia, se sumaron a una nueva organización de cooperación internacional en materia de IA. Esta entidad puede dar a Pekín más influencia sobre la forma en que la IA se regula, se estandariza y se despliega en todo el mundo.
No es un detalle menor. Quien fija los estándares suele marcar también la dirección del mercado. Ya ocurrió antes con las telecomunicaciones, los chips, las baterías y la infraestructura digital.
China intenta ahora hacer lo mismo con la IA.
Los países en desarrollo son, en este contexto, un terreno especialmente importante. Xi anunció 5.000 plazas de formación y seminarios para países que quieran desarrollar sus propias capacidades en IA. China también quiere impulsar centros internacionales para aplicaciones de inteligencia artificial.
Con ello, Pekín se presenta como una alternativa a Estados Unidos.
La batalla por los estándares
La carrera de la IA no se limita a quién construye el mejor modelo de lenguaje. También gira en torno a la regulación, el acceso, la infraestructura, los datos, los chips y los estándares internacionales. China lo entiende bien.
Si los países de Asia, África y América Latina construyen su infraestructura de IA con modelos chinos, sistemas en la nube chinos y estándares chinos, la influencia de Pekín crecerá de forma natural.
Eso convierte la IA en una prolongación de la geopolítica. Igual que China acumuló influencia mediante proyectos de infraestructura vinculados a la Nueva Ruta de la Seda, puede crear con la IA una esfera de influencia digital.
Los modelos chinos recortan distancia
Al mismo tiempo, China gana fortaleza tecnológica. Las startups chinas de IA lanzan modelos cada vez más potentes y reducen la distancia con los actores estadounidenses.
Moonshot presentó esta semana un modelo de lenguaje que, según la información publicada, se acerca a los laboratorios estadounidenses más avanzados.
Es una señal relevante. La ventaja estadounidense sigue existiendo, pero ya no parece intocable. Más aún si los modelos chinos son más baratos, más fáciles de ejecutar localmente y menos dependientes de las normas de exportación de Estados Unidos.
Algunas empresas occidentales ya estarían migrando a modelos chinos precisamente por esa combinación de precio, prestaciones y flexibilidad.
Europa también recibe un aviso
Para Europa, la lección es clara. Estados Unidos sigue siendo dominante en tecnología, pero las recientes restricciones a la exportación de modelos estadounidenses de IA mostraron hasta qué punto la dependencia puede ser vulnerable. Incluso si una medida así se revierte más adelante, la señal permanece.
Quien depende por completo de la tecnología estadounidense asume un riesgo político. China lo está aprovechando con habilidad. Pekín puede presentarse como socio para los países que quieren reducir su dependencia de Washington.
Eso hace que la carrera de la IA sea mucho más compleja que un simple duelo entre OpenAI, Google, Anthropic y las startups chinas. Lo que está en juego es la soberanía.
La IA como bloque de poder
Xi intenta presentar la IA como un proyecto internacional, pero está claro que China quiere reclamar un papel protagonista dentro de ese marco. Encaja en una estrategia más amplia.
China quiere depender menos de los chips estadounidenses, ganar más influencia en los estándares internacionales y acercar a los países en desarrollo a su órbita mediante la tecnología.
La IA es un instrumento ideal para ello. Tiene importancia económica, relevancia militar y fuerza política.
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