Los mercados financieros se alteraron esta semana cuando cientos de miles de millones de dólares en valor bursátil se evaporaron a nivel mundial tras nuevos avances en inteligencia artificial.
Según los analistas de The Kobeissi Letter, los inversores temen que la IA sustituya masivamente empleos, creando una espiral económica negativa. Pero, ¿y si ese escenario no se cumple? ¿Y si la IA desencadena la mayor ola de productividad jamás vista?
IBM sufre su peor día en la bolsa desde 2000
La inquietud comenzó tras nuevos anuncios de la empresa de IA Anthropic sobre su modelo Claude. Las acciones de las grandes empresas tecnológicas reaccionaron negativamente casi de inmediato al anunciarse que Claude mejoró en programación, seguridad y automatización de flujos de trabajo.
IBM vivió su peor jornada bursátil desde 2000 tras difundirse que Claude puede trabajar eficientemente con código COBOL, un antiguo lenguaje de programación que aún se utiliza en muchos sistemas bancarios.
Adobe también ha caído considerablemente este año porque la IA generativa acelera los procesos creativos. Las empresas de ciberseguridad sufrieron igualmente tras la introducción de una nueva herramienta de IA que detecta automáticamente vulnerabilidades en el software.
Según los analistas, el mercado está tratando de evaluar en tiempo real lo que esto significa para los márgenes de beneficio. Cuando la IA puede replicar el trabajo humano, el poder de negociación se desplaza hacia el cliente, lo que ejerce presión sobre los precios y los márgenes.

El escenario pesimista: demanda fija, salarios en caída
El escenario negativo que circula en las redes sociales describe un círculo vicioso. La IA mejora, las empresas despiden personal, los consumidores gastan menos, las empresas invierten aún más en IA para reducir costos, y el ciclo se repite.
Pero según The Kobeissi Letter, esto se basa en un supuesto crucial: que la demanda en la economía es fija.
Históricamente, esto rara vez ha sido el caso. Cuando los costos de producción caen significativamente, la demanda generalmente aumenta. El precio de los ordenadores personales ha caído más del 99 por ciento desde 1980, pero en lugar de usar menos, ahora usamos exponencialmente más. Nuevas industrias surgieron sobre esos costos más bajos.

La IA podría tener un efecto similar, pero a mayor escala. No solo el software o la infraestructura se abaratarán, sino también el trabajo ‘cognitivo’ en sí.
Costos más bajos pueden aumentar el poder adquisitivo
El sector servicios de EE.UU. representa casi el 80 por ciento del producto interno bruto. Muchos de esos servicios son caros porque dependen de conocimientos especializados. Pensemos en documentación legal, asesoría fiscal, marketing, administración y atención al cliente.
Si la IA reduce los costos de estos servicios, podría actuar como una reducción fiscal invisible, según el análisis. Los hogares pagarían menos por servicios esenciales y tendrían más poder adquisitivo, sin necesidad de fuertes aumentos salariales.
Los autores hablan al respecto de una transición de ‘PIB Fantasma’ a ‘PIB de Abundancia’: un crecimiento económico que no solo se refleja en cifras, sino que también lleva a una reducción real del costo de vida.
Los empleos no desaparecen, se transforman
Una preocupación importante es que sobre todo los trabajos de oficina se vean afectados, lo que podría presionar el consumo y el mercado inmobiliario. Sin embargo, el análisis señala que la IA es menos efectiva en trabajos físicos y funciones que requieren interacción humana.
Además, la IA reduce las barreras para el emprendimiento. Si una persona puede automatizar contabilidad, marketing y atención al cliente con ayuda de la IA, iniciar una pequeña empresa se vuelve más sencillo.
Según esta perspectiva, la IA no lleva a la desaparición del trabajo, sino a una reestructuración del mercado laboral.
La productividad como factor decisivo
En última instancia, el debate gira en torno a la productividad. Si la IA genera un crecimiento de la productividad estructural de entre uno y dos por ciento anual, podría tener un impacto económico significativo en una década.

Según cifras recientes, la productividad laboral en EE.UU. creció en el tercer trimestre de 2025 al ritmo más rápido en dos años, alimentando la idea de que la IA ya está teniendo efectos macroeconómicos medibles.
La pregunta clave sigue siendo: ¿se traducen las ganancias de productividad en un bienestar más amplio o se concentran en un pequeño grupo de empresas tecnológicas?
Para los inversores, esto significa un período de alta volatilidad. Algunos sectores seguirán bajo presión, mientras que otros se beneficiarán de costos más bajos y mayor eficiencia.
Si la IA finalmente provoca una crisis económica o inaugura una nueva fase de crecimiento dependerá de la rapidez con que empresas, gobiernos y mercados laborales se adapten a este choque tecnológico.
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