Los bancos centrales vuelven a recurrir a su arma favorita contra la inflación: subir los tipos de interés. Según Mohamed El-Erian, ahí está precisamente el problema. El economista advierte en el Financial Times de que las subidas de tipos no son la mejor respuesta a la inflación actual.

La principal presión sobre los precios procede cada vez menos de una economía recalentada y cada vez más de la energía, las tensiones geopolíticas y los déficits estructurales.

Aun así, el mercado ya descuenta varias subidas de tipos. Tras el incremento aprobado por la Reserva Federal la semana pasada, los inversores anticipan, según El-Erian, otros tres movimientos adicionales de aquí a mediados del próximo año.

La Fed podría estar combatiendo el problema equivocado

El problema es que los bancos centrales influyen sobre todo en la demanda. Al subir los tipos, las hipotecas se encarecen, la inversión se reduce y los consumidores gastan menos.

Pero unos tipos más altos no abren el estrecho de Ormuz ni producen más petróleo. Si el encarecimiento de la energía es la principal fuente de inflación, la Fed solo puede combatirlo de forma indirecta, frenando otras áreas de la economía.

Según El-Erian, eso entraña el riesgo de que los bancos centrales causen demasiado daño para resolver un problema sobre el que apenas tienen margen de actuación.

El economista establece una comparación con el BCE en 2008, cuando elevó los tipos poco antes de la crisis financiera.

El mercado condiciona cada vez más la política monetaria

A ello se suma otro factor. Antes de la última decisión sobre tipos, el mercado asignaba una probabilidad superior al 90% a una subida.

Según El-Erian, esto genera casi un acuerdo implícito entre los bancos centrales y los inversores. Cuando el mercado descuenta por completo un movimiento de tipos, a un banco central le resulta difícil desviarse de esa expectativa sin provocar una fuerte volatilidad.

El presidente de la Fed, Kevin Warsh, denomina a esto el problema del “juego de espejos”. El mercado anticipa lo que hará la Fed y, después, la Fed se siente obligada a hacer exactamente lo que el mercado espera.

Los Gobiernos deben implicarse más

Por eso, El-Erian considera que una parte mayor de la solución debe recaer en los Gobiernos.

Por el lado de la oferta, eso implica, por ejemplo, reducir la dependencia de rutas energéticas vulnerables como el estrecho de Ormuz.

Por el lado de la demanda, los Gobiernos deberían reducir sus déficits presupuestarios. Esto último también es importante para los mercados de bonos.

Los Estados están tomando prestadas enormes cantidades de dinero, mientras que, al mismo tiempo, las empresas tecnológicas necesitan cientos de miles de millones para alimentar el auge de la inteligencia artificial. Todos compiten por el mismo capital.

Unos déficits públicos más bajos podrían aliviar esa presión y contribuir también a reducir los tipos de interés a largo plazo.

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