El petróleo sigue pesando como una nube negra sobre los mercados financieros. El estrecho de Ormuz, una de las rutas comerciales más importantes para el petróleo y el gas natural, continúa prácticamente cerrado, y por ahora Irán puede convivir con esa situación. Mientras las sanciones estadounidenses y el bloqueo naval asfixian al país, Teherán se ha replegado hacia una economía de supervivencia.
Eso se traduce en pobreza y deterioro, pero sobre todo le da tiempo. Y ese tiempo empieza esta semana a jugar en contra de Washington.
Sobrevivir en lugar de recuperarse
Irán raciona los bienes escasos y restringe el acceso a divisas, según The Wall Street Journal , que cita a analistas. Las inversiones se están recortando y una parte cada vez mayor de la carga acaba en los hogares.
Lo que sí se mantiene es la importación de trigo, medicamentos y leche infantil. Para ello, el Gobierno aplica un tipo de cambio fuertemente subvencionado, por un importe de hasta 3.500 millones de dólares.
Teherán decide así de forma deliberada quién absorbe el golpe. El Estado y el Ejército siguen funcionando; el ciudadano iraní de a pie pierde poder adquisitivo.
Eso ya se nota en las tiendas. La inflación supera el 80%, lo que implica que los precios casi se han duplicado en un año. El pollo cuesta casi el triple que el año pasado y la leche, dos veces y media más. Los salarios suben mucho más despacio que los precios, de modo que el poder de compra sencillamente se evapora.
Las exportaciones de petróleo son la columna vertebral de los ingresos del Estado y aportan los dólares con los que Irán paga sus importaciones. Por efecto de la presión de Estados Unidos, ese flujo cayó en julio a casi cero, frente a los 4.500 millones de dólares de junio.
Mientras tanto, las facturas siguen llegando, de modo que Teherán imprime más dinero para pagar salarios y financiar la reconstrucción, según Capital Economics. El aparato estatal continúa en marcha, pero la población paga el coste en el supermercado.
El Fondo Monetario Internacional (FMI) prevé una contracción del 5,4% este año. La economía, por tanto, se empobrece, aunque no a un ritmo que obligue a sus dirigentes a sentarse a negociar.
¿Quién controla el estrecho de Ormuz?
Las dos partes y, al mismo tiempo, ninguna. La Marina estadounidense bloquea los puertos iraníes, lo que impide casi por completo que el petróleo de Irán salga del país. Irán, por su parte, hace que el tránsito sea demasiado peligroso para los demás buques. Dos bloqueos se superponen en el mismo estrecho.
Washington quiere privar así a Irán de sus ingresos; Teherán busca golpear a la economía mundial y trasladar la factura a Donald Trump.
Para esto último, Irán necesita el petróleo de sus vecinos. Por el estrecho circulaba normalmente una cuarta parte de todo el crudo transportado por mar, procedente de países como Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos.
No existe una alternativa real. Irán no está cerrando solo su propio grifo, sino la única salida de toda la región del Golfo.
El presidente estadounidense sostiene que el primer objetivo ya se ha cumplido. «Tenemos el estrecho de Ormuz completamente bajo control. Lo controlamos nosotros; nadie más, solo nosotros».
Pero apenas siguen pasando barcos y, como consecuencia, el precio del petróleo ha subido con fuerza en las últimas semanas.
Tras el acuerdo marco de mediados de junio, el estrecho volvió a abrirse y toda la prima de guerra incorporada al precio del petróleo se esfumó. Pero el alto el fuego saltó por los aires a comienzos del mes pasado y la situación ha vuelto al punto de partida.
Ese encarecimiento del petróleo no se queda en el Golfo. Un crudo más caro implica combustibles y transporte más caros y, por tanto, más inflación en Estados Unidos y Europa. Eso ha reavivado el temor de los inversores a nuevas subidas de tipos y presiona a Bitcoin (BTC), a los metales preciosos y también a las bolsas.
Trump: «Soy su banquero»
Mohsen Rezaei, del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, afirma que la ruta marítima solo se reabrirá si Washington cambia de postura. Teherán ha puesto sobre la mesa un amplio paquete de exigencias.
Estados Unidos debe retirar sus tropas de la región, levantar todas las sanciones y compensar íntegramente los daños de la guerra. Washington tampoco debe seguir amenazando al país.
Además, Irán exige el fin definitivo de la guerra y de los combates en Líbano, los territorios palestinos, Yemen e Irak. Los dos últimos puntos afectan directamente al bolsillo: debe levantarse el bloqueo naval estadounidense de los puertos iraníes y liberarse sin condiciones los activos congelados en el extranjero.
Trump, por su parte, quiere que Irán pague una indemnización , justo lo contrario de lo que reclama Teherán.
Ese bloqueo es, además, su principal instrumento de presión. En declaraciones a Axios, el presidente dijo el domingo que pretende intensificar esa presión y esperar acontecimientos.
«Vamos a seguir vigilando a Irán. Con su enorme inflación y el hecho de que no tienen dinero».
Un día después, en Real America’s Voice, calificó de «astutos» a los negociadores iraníes. «Tenían mucho, pero ahora lo controlamos nosotros. Soy su banquero».
Hadi Kahalzadeh, investigador del centro de estudios Quincy Institute y exfuncionario de la organización iraní de seguridad social, ve a dos partes que pueden estar calculando mal. «Cada vez lo veo más como una carrera en la que ambos han evaluado mal la velocidad».
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