Las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos se celebran dentro de poco más de dos semanas y los inversores las afrontan con sentimientos encontrados. Hasta ahora, la Bolsa siempre ha cotizado al alza un año después de estos comicios, aunque los primeros meses no siempre han sido fáciles. ¿Qué cabe esperar esta vez?
El S&P 500 siempre ha subido en el año posterior a las elecciones de mitad de mandato
Estas elecciones se celebran en Estados Unidos a mitad del mandato presidencial. El martes 3 de noviembre, los estadounidenses elegirán a los 435 miembros de la Cámara de Representantes y a 35 de los 100 senadores.
La Cámara de Representantes y el Senado forman el Congreso, que aprueba las leyes y los presupuestos. Donald Trump no se presenta a estas elecciones, pero el resultado determinará su margen de maniobra durante sus dos últimos años de mandato.
Para los inversores, estas citas electorales siempre han acabado dando buenos resultados. Desde 1950 se han celebrado diecinueve elecciones de mitad de mandato y, doce meses después, el S&P 500, el índice que reúne a las 500 mayores empresas cotizadas estadounidenses, había subido en todos los casos.
Así ocurrió incluso en 1974, en pleno escándalo del Watergate y en un mercado profundamente bajista. También el periodo posterior a las elecciones de 2022 se saldó con ganancias, pese a que la elevada inflación y las subidas de tipos hacían temer lo peor a los inversores.
Tomando como punto de partida el cierre de octubre, el índice ganó una media del 16,6% en los doce meses posteriores a estas elecciones. En el resto de los años, la rentabilidad media del mismo periodo fue del 6,9%, menos de la mitad.
A los seis meses, la diferencia ya era considerable: una subida cercana al 15% tras las elecciones de mitad de mandato, frente a algo más del 4% en los demás años. Pero el recorrido no estuvo exento de sobresaltos: en 11 de los 19 periodos hubo una corrección del 10% o más, aunque el índice terminó cerrando al alza.
El ejemplo más doloroso llegó tras las elecciones de 1986. En el lunes negro, del que ayer se cumplieron exactamente 39 años, el S&P 500 perdió alrededor del 20% en una sola sesión. Aun así, aquel periodo también terminó en positivo.
El Congreso marca el ritmo
Las diferencias en la evolución de los primeros meses se entienden mejor al mirar al Congreso en lugar de al presidente. Desde esa perspectiva, las diecinueve elecciones se dividen en tres grupos.
En cinco ocasiones, todo siguió prácticamente igual. El mismo partido mantuvo el control de ambas cámaras y apenas perdió escaños. En esos casos, el S&P 500 subió una media del 4,6% en el primer mes.
En otras cinco, el partido del presidente sufrió un revés de al menos 20 escaños en la Cámara de Representantes, pero ninguna de las dos cámaras cambió de mayoría. Este grupo registró el peor arranque, con una caída media del 3,5% en el primer mes.
En las nueve restantes, cambió el partido que controlaba la Cámara de Representantes o el Senado. El primer mes apenas hubo movimientos, con una subida del 0,4%, y a los tres meses la ganancia media alcanzó el 4%.
Un cambio de mayoría abre nuevos interrogantes, como quién presidirá las comisiones o qué proyectos de ley quedarán sin opciones de salir adelante. Esa incertidumbre se refleja en las cotizaciones de los primeros meses.
Al cabo de doce meses, los resultados de los tres grupos vuelven a acercarse, con ganancias medias de entre el 13% y el 18%, aproximadamente. Conviene recordar que la muestra es pequeña: entre cinco y nueve casos por grupo, y ocho de los nueve cambios de mayoría se produjeron a partir de 1986.
¿En qué grupo encajará 2026?
Probablemente en el de los arranques más difíciles, ya que un cambio de mayoría en el Congreso parece el desenlace más probable este año. Tras esos cambios, el primer mes se saldó de media sin apenas variaciones, aunque al cabo de un año el índice acumulaba una subida cercana al 13%.
Los republicanos controlan ahora la Casa Blanca, la Cámara de Representantes y el Senado. Sin embargo, su ventaja en la Cámara es estrecha: 219 republicanos frente a 214 demócratas, con dos escaños vacantes.
La mayoría requiere 218 escaños. Basta hacer las cuentas para comprobar que una pérdida neta de dos escaños dejaría a los republicanos por debajo de ese umbral, por lo que su mayoría pende de un hilo.
Esto descarta para este año el segundo de los tres escenarios históricos. Si los republicanos pierden 20 escaños o más, se quedarían como máximo con 199 y perderían necesariamente el control de la Cámara.
En el Senado hay 53 republicanos, 45 demócratas y dos independientes que votan con los demócratas. Estos últimos necesitan una ganancia neta de cuatro escaños para alcanzar la mayoría.
En el mercado de predicciones Polymarket se apuesta dinero al resultado electoral. Sus participantes otorgan hoy a los demócratas un 91% de probabilidades de hacerse con la Cámara de Representantes y un 65% de controlar el Senado.
La probabilidad de una victoria demócrata en ambas cámaras se sitúa en el 63%, y la de un Congreso dividido con una Cámara de Representantes demócrata, en el 28%. Los participantes estiman en un 9% las opciones de que los republicanos mantengan el control de ambas cámaras.
Según el banco neerlandés ING, los demócratas aventajan a los republicanos en unos ocho puntos porcentuales en las encuestas nacionales. El encarecimiento de los carburantes y la guerra con Irán están restando un apoyo considerable a Trump.
Además, 2026 no es un año electoral corriente. Los años de elecciones de mitad de mandato suelen ser los más débiles en Bolsa del ciclo presidencial, con una ganancia media del 4,6% desde 1950. Sin embargo, el S&P 500 acumula ya una subida cercana al 14%. La mayoría de los valores del índice registra pérdidas, pero el sector tecnológico sostiene las ganancias gracias a la inteligencia artificial (IA).
Los tipos de interés, la gran incógnita
El principal foco de inquietud no está en las acciones, sino en los tipos de interés. La rentabilidad del bono del Tesoro estadounidense a diez años, referencia del coste de financiación a largo plazo, se sitúa en su nivel más alto desde 2002.
ING ha analizado tres posibles resultados de las elecciones. El banco considera que una victoria republicana en ambas cámaras es el escenario menos probable, pero también el que más turbulencias provocaría en el mercado de bonos.
En ese caso, Trump aumentaría el gasto en defensa sin compensarlo con recortes en otras partidas. Esto elevaría el déficit público y, según ING, llevaría la rentabilidad del bono a diez años por encima del 5,5%. El dólar saldría beneficiado, pero las acciones, Bitcoin (BTC) y el oro quedarían bajo presión.
Si el Partido Demócrata gana solo la Cámara de Representantes, la agenda legislativa de Trump quedaría bloqueada. Su margen de actuación se concentraría en la política comercial y exterior, lo que daría mayor protagonismo a Irán y a los aranceles.
ING advierte de que, en ese escenario, podría producirse un cierre parcial prolongado de la Administración federal en torno al verano de 2027. Según el banco, la rentabilidad del bono se mantendría entre el 5,25% y el 5,5%.
Una victoria demócrata en ambas cámaras supondría aún más obstáculos para Trump y abriría la posibilidad de un tercer proceso de destitución. Según ING, la rentabilidad del bono a diez años se acercaría al 5,5%, mientras que el dólar perdería algo de terreno.
Michael Arone, estratega jefe de State Street Investment Management, cree que las empresas industriales y los bancos serían los principales perjudicados en ese escenario. Steve Chiavarone, director de inversiones de Federated Hermes, se muestra menos preocupado.
Chiavarone recuerda que ninguna elección de mitad de mandato ha supuesto una catástrofe y no cree que esta vaya a ser una excepción. A su juicio, podría ser una de las citas electorales con menos repercusiones de los últimos tiempos.
Qué supondría un cambio de mayoría para el sector cripto
Para el sector de las criptomonedas, el resultado también condicionará el futuro de un proyecto de ley: la CLARITY Act. Su objetivo es dotar por primera vez al mercado estadounidense de un marco normativo estable que regule, entre otras cuestiones, las plataformas de negociación y el reparto de competencias entre supervisores para cada criptomoneda.
La Cámara de Representantes lo aprobó en julio de 2025 con el apoyo de 78 demócratas. Sin embargo, el 15 de septiembre quedó bloqueado en el Senado: la votación para abrir el debate se saldó con 49 votos a favor y 50 en contra, lejos de los 60 necesarios.
Senadores de ambos partidos señalaron que el desacuerdo no giraba en torno a esas normas. Según DL News, el obstáculo era la exigencia de los demócratas de prohibir que los altos cargos y sus familiares, como la familia Trump, obtengan beneficios con las criptomonedas.
Aún queda una oportunidad: las semanas posteriores a las elecciones, durante las que el Congreso saliente sigue reuniéndose. Si el proyecto no se aprueba antes del 3 de enero, decaerá y el nuevo Congreso tendrá que iniciar de nuevo la tramitación.
Con una Cámara de Representantes demócrata, el proceso se complicaría, ya que este partido presidiría las comisiones que elaboran estas leyes. La senadora republicana Cynthia Lummis ya ha advertido de que la siguiente oportunidad real podría no llegar hasta 2030.
Hasta entonces, el sector dependerá de los supervisores. La SEC, presidida por Paul Atkins, y la CFTC, dirigida por Michael Selig, ambos nombrados por Trump, trabajan en sus propias normas sobre criptomonedas. Sin embargo, a una futura Administración le resultaría más fácil revocarlas que derogar una ley.
Las elecciones de mitad de mandato apenas cambiarán esta situación a corto plazo, porque ambos presidentes seguirán en sus cargos. No obstante, si los demócratas controlan el Senado, cualquier nuevo nombramiento tendrá que superar el examen de una mayoría contraria, y todavía hay puestos vacantes en los dos organismos.
La reserva estratégica de Bitcoin también seguirá existiendo. Trump la creó por decreto en marzo de 2025 con bitcoins incautados. El decreto permite realizar compras adicionales siempre que no supongan un coste para el contribuyente, pero hasta ahora no se ha efectuado ninguna.
Todavía no existe una ley que dé respaldo a la reserva. Una comisión de la Cámara de Representantes aprobó en septiembre una propuesta en ese sentido, pero aún debe superar la votación de ambas cámaras. Con un Congreso demócrata, su aprobación sería difícil, al igual que la del plan de Lummis para que el Gobierno compre un millón de bitcoins.
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