El precio del trigo ha subido a su nivel más alto en tres años. Los inversores temen que Rusia intensifique sus ataques contra Ucrania, lo que podría aumentar aún más la presión sobre las exportaciones de grano desde la región del mar Negro.

El impacto no se limita a Ucrania. Rusia y Ucrania concentran juntas más de una cuarta parte de las exportaciones mundiales de trigo. Nuevas interrupciones podrían encarecer los alimentos en todo el mundo, en un momento en que los elevados costes de la energía y el transporte ya alimentan la inflación.

El precio del trigo sube un 19% en un mes

El precio del trigo avanzó el jueves un 2,6% y alcanzó su nivel más alto desde julio de 2023. Un día antes, ya se había disparado un 6,4%.

En el conjunto de agosto, la subida ronda ya el 19%.

El detonante inmediato es la creciente incertidumbre en torno a la guerra en Ucrania. Según fuentes próximas al Kremlin, Rusia se prepara para intensificar sus ataques, incluidos los dirigidos contra infraestructuras ucranianas. Moscú habría llegado a la conclusión de que las negociaciones de paz están estancadas.

Los puertos y las terminales de grano ya han sufrido daños durante la guerra. Nuevos ataques podrían hacer aún más difícil y peligroso exportar productos agrícolas a través del mar Negro.

Ucrania prevé, además, que sus exportaciones agrícolas de esta temporada sean más de la mitad inferiores a lo estimado anteriormente. Rusia también tiene problemas para exportar. Se espera que las exportaciones rusas de trigo en agosto caigan más de un 50% respecto al mismo mes del año pasado.

Amenaza de una nueva inflación alimentaria

La subida del precio del trigo podría acabar afectando también a los consumidores. Rusia y Ucrania figuran entre los principales proveedores de grano del mundo y también entre los más competitivos. Los países de Oriente Medio, África y Asia dependen especialmente de sus exportaciones.

Con el suministro procedente del mar Negro bajo presión, los importadores buscan alternativas en países como Australia y Argentina. Ese grano llega desde más lejos y suele ser más caro, lo que puede elevar aún más los costes.

El problema, además, no se limita al trigo. Rusia y Ucrania también exportan grandes volúmenes de maíz, cebada y aceite de girasol. Una interrupción prolongada podría provocar subidas de precios en varios eslabones de la cadena alimentaria.

Eso podría terminar notándose en el supermercado. No solo podrían encarecerse el pan y otros productos elaborados con cereales. Un aumento del precio de los piensos, por ejemplo, también puede trasladarse a la carne y los lácteos.

Se abriría así una nueva fuente de presión inflacionista, mientras los consumidores ya afrontan mayores costes de energía y transporte.

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