Wall Street mira este viernes a Jackson Hole. El presidente de la Fed, Kevin Warsh, pronunciará allí su primer gran discurso desde que asumió el cargo en mayo. Según el consejo editorial del Financial Times, se trata de un momento clave, ya que Warsh tiene la oportunidad de reducir la incertidumbre en los mercados financieros.

Esa incertidumbre, de hecho, ha aumentado en los últimos meses.

La inflación en Estados Unidos sigue enquistada por encima del objetivo del 2%. La guerra con Irán mantiene los precios del petróleo por encima de los niveles previos al conflicto. La deuda pública estadounidense continúa creciendo y, con unos tipos más altos, resulta cada vez más pesada de sostener. A todo ello se suma la ola de inversión en IA.

La IA y la deuda empujan los tipos al alza

Según el FT, el enorme gasto en centros de datos, chips e infraestructuras energéticas parece estar contribuyendo al aumento de los costes de financiación. Las empresas de IA y los grandes proveedores de computación en la nube están captando cantidades gigantescas, mientras el propio Gobierno estadounidense también necesita endeudarse cada vez más. El resultado es una mayor competencia por el capital.

Es un entorno complicado para la Reserva Federal. En condiciones normales, la Fed se centra sobre todo en la inflación, el empleo y los tipos a corto plazo. Pero ahora también pesan mucho los rendimientos de los bonos a largo plazo, las inversiones en IA, la deuda pública y los riesgos geopolíticos.

Por si fuera poco, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, intenta aliviar la presión sobre el mercado de tipos mediante compras adicionales de deuda pública a largo plazo. Eso complica aún más la política económica.

Warsh comunica demasiado poco

Según el FT, parte del problema está en el propio Warsh. No es partidario de la orientación prospectiva, con la que los bancos centrales indican de antemano a los mercados qué rumbo de política monetaria es más probable que adopten. Warsh prefiere guiar menos con palabras y confiar más en las señales del mercado.

La postura tiene su lógica. Pero su comunicación limitada también ha generado confusión. Los inversores no saben con suficiente claridad cómo interpreta la inflación, el crecimiento, los tipos a largo plazo y las posibles respuestas de política monetaria. Eso ha creado una prima de incertidumbre.

El rendimiento a largo plazo de la deuda estadounidense subió hasta su nivel más alto desde 2007. No solo afecta a Wall Street, sino también a las hipotecas, los préstamos empresariales y los costes de financiación de los mercados emergentes.

La independencia está en juego

El FT también señala un punto más delicado: la credibilidad de la Fed. Warsh ha afirmado que mantiene su compromiso con la independencia del banco central y con un objetivo de inflación del 2%. Pero, según el FT, las palabras no bastan.

Menos aún cuando el presidente Trump quiere tipos a corto plazo más bajos y el Departamento del Tesoro intenta al mismo tiempo presionar a la baja los tipos a largo plazo. Si los mercados perciben que la Fed actúa por motivos políticos, podrían castigar la deuda pública estadounidense y el dólar.

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