La llamativa intervención del secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, empieza a surtir efecto. Desde que anunció que Estados Unidos al menos duplicará las recompras de bonos del Tesoro a largo plazo, las principales rentabilidades de la deuda a largo plazo han bajado.

Es una buena noticia para los mercados financieros. Unos tipos más bajos abaratan la financiación y pueden dar apoyo a la renta variable y a otros activos de riesgo. Aun así, persiste la duda de cuánto durará el llamado “efecto Bessent”, porque el problema de fondo, la enorme deuda pública estadounidense, no ha desaparecido.

Los inversores se lo piensan más antes de apostar contra Bessent

Las primeras señales de la influencia de Bessent ya son claramente visibles en el mercado de bonos.

La rentabilidad del bono estadounidense a 10 años alcanzó la semana pasada el 4,75%, su nivel más alto desde comienzos de 2025. Ahora se sitúa en torno al 4,64%. La rentabilidad a 30 años también ha retrocedido y ronda el 5,17%, unos 15 puntos básicos por debajo de su reciente máximo.

Otros indicadores del mercado también apuntan a una mayor confianza en los bonos del Tesoro a largo plazo. El diferencial entre la rentabilidad de la deuda pública estadounidense y los swaps de tipos comparables se ha estrechado. En el plazo a 30 años, esa brecha es ya la menor desde febrero.

Según Jason Williams, estratega de tipos en Citi, esto está dando lugar a lo que los operadores ya llaman la “put de Bessent”. Los inversores saben que hay un gran comprador preparado si el mercado de bonos vuelve a verse bajo presión.

Eso cambia el comportamiento de los operadores. Apostar contra el mercado se vuelve mucho más arriesgado cuando el Departamento del Tesoro de Estados Unidos parece dispuesto a comprar más bonos.

El Gobierno estadounidense puede recurrir a una enorme reserva de caja

El mercado recibió el lunes un impulso adicional. Según CNBC, el Departamento del Tesoro estudia utilizar su Cuenta General del Tesoro para financiar el aumento de las recompras.

En esa cuenta hay aparcada una enorme cantidad de dinero público en la Reserva Federal. La posibilidad de que una parte se destine a comprar bonos del Tesoro a largo plazo dio un respaldo adicional al mercado.

El cambio también se aprecia en el mercado de opciones. La semana pasada, los inversores apostaron con mucha más frecuencia por subidas en los precios de los bonos del Tesoro a largo plazo. Como los precios de los bonos y las rentabilidades se mueven en sentido contrario, eso significa en la práctica que más operadores contemplan una caída de los tipos a largo plazo.

“El temor, si se puede llamar así, es ahora que la rentabilidad a largo plazo pueda caer con fuerza de forma repentina por una intervención”, señala el operador de derivados Alex Manzara.

El gran problema de Bessent sigue sin resolverse

Con todo, Bessent está lejos de haber ganado la batalla. Las rentabilidades a largo plazo en Estados Unidos siguen en niveles históricamente elevados y las principales causas no han cambiado.

El Gobierno estadounidense mantiene grandes déficits presupuestarios y debe emitir enormes volúmenes de nueva deuda pública para financiar sus obligaciones. Esa abundante oferta puede seguir presionando al alza las rentabilidades.

“Una razón fundamental por la que las rentabilidades de la deuda pública están más altas, los déficits presupuestarios estructuralmente mayores de Estados Unidos, no va a cambiar rápidamente”, advierte Libby Cantrill, de Pimco.

También se muestra crítico el multimillonario Stanley Druckenmiller, que en el pasado tuteló a Bessent como gestor de fondos de cobertura. A su juicio, su antiguo discípulo comete un error al intentar influir directamente en el mercado de bonos.

Por ahora, sin embargo, la intervención sí parece estar teniendo efecto. Los operadores saben que Washington está dispuesto a actuar como gran comprador. Eso introduce un nuevo factor que deberán tener en cuenta todos los que apuesten por nuevas subidas de las rentabilidades estadounidenses.

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