Los bonos del Tesoro de Estados Unidos subieron el jueves, un día después de que la Reserva Federal elevara los tipos de interés. Los inversores recibieron bien la decisión, al interpretarla como una señal de que la Fed está decidida a combatir la elevada inflación.

El avance de los precios de los bonos hizo caer la rentabilidad del Treasury a diez años en cuatro puntos básicos, hasta el 4,98%. Así se puso fin a ocho jornadas consecutivas de subidas de las rentabilidades. El martes, la referencia a diez años llegó a superar brevemente el umbral del 5%.

También retrocedió la rentabilidad a dos años, que bajó tres puntos básicos, hasta el 4,70%, después de alcanzar el miércoles, justo tras la decisión de tipos, su nivel más alto desde 2024.

«La Fed no tenía elección»

La subida de tipos no sorprendió al mercado. Los inversores prácticamente la habían descontado por completo. Precisamente por eso habría resultado llamativo que la Fed no hubiera elevado los tipos.

Una pausa inesperada habría podido sembrar dudas sobre la disposición del banco central a hacer frente a la inflación. Eso podría haber intensificado la ola de ventas en el mercado de bonos y empujado aún más al alza las rentabilidades a largo plazo.

La Fed se encontraba así en una posición delicada. La inflación sigue siendo demasiado alta, mientras que las rentabilidades de los bonos ya habían subido con fuerza en los últimos días. Al ejecutar finalmente la subida de tipos prevista, el banco central dio a los inversores al menos la confirmación de que mantiene su lucha contra la inflación.

Eso explica también por qué los bonos del Tesoro se recuperaron el jueves. La novedad no fue la subida de tipos en sí, sino la certeza de que la Fed hizo lo que el mercado ya esperaba.

El mercado anticipa más subidas de tipos que la Fed

La caída de las rentabilidades de los bonos el jueves no significa que los inversores crean que los tipos vayan a bajar pronto. Al contrario. Los mercados financieros descuentan actualmente incluso más subidas de tipos de las que prevé la propia Fed.

Los responsables de política monetaria de la Fed contemplan, de media, una subida adicional antes de que termine este año. Los inversores, en cambio, barajan otras tres subidas de tipos hasta mediados de 2027.

La razón principal es la persistencia de una inflación elevada. La inflación PCE, una referencia clave para la Fed, se situó en julio en el 3,7%. Sigue estando claramente por encima del objetivo del 2%.

Por ello, la incertidumbre persiste sobre todo en los bonos del Tesoro a largo plazo. Además de los tipos, influyen la elevada inflación, el gran volumen de nueva deuda pública estadounidense y las dudas sobre las finanzas públicas. La recuperación del jueves, por tanto, no significa que haya desaparecido la presión sobre el mercado de bonos.

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