En Silicon Valley se repite cada vez más la misma advertencia: la inteligencia artificial destruirá millones de empleos.

El consejero delegado de Anthropic, Dario Amodei, prevé que la IA podría sustituir de aquí a 2030 la mitad de los puestos de entrada para trabajadores con estudios superiores. Bill Gates también advierte de que dentro de diez años podría haber muchos menos empleos.

Muchos economistas, por ahora, no están tan convencidos. Su principal argumento es que otras predicciones similares sobre la automatización resultaron ser demasiado pesimistas.

Un conocido estudio de 2013 advertía, por ejemplo, de que casi la mitad de los empleos en Estados Unidos podrían desaparecer en unos diez años. No ocurrió.

Pocas pruebas de una destrucción masiva de empleo

Por ahora, apenas hay pruebas de que la IA esté destruyendo empleo a gran escala. Un estudio de Yale no detectó cambios claros en la distribución del empleo por ocupaciones en Estados Unidos atribuibles a la IA.

La OCDE, por su parte, encuestó a unos 8.000 empleadores de 13 países. Solo una de cada diez empresas que utilizan IA afirma estar reduciendo su plantilla. Apenas un 1 % lo hace principalmente por la IA.

Eso no significa que nada esté cambiando. La demanda parece estar cayendo, sobre todo, en los puestos de menor experiencia del sector tecnológico. La IA puede aumentar la productividad de los trabajadores experimentados y asumir tareas sencillas que suelen realizar quienes empiezan su carrera.

Pero tampoco en este caso está clara la causa. Los jóvenes ya tenían más dificultades para encontrar trabajo antes de la gran irrupción de la IA.

Un empleo abarca más de una tarea

Un matiz importante es que la IA suele automatizar tareas, no puestos de trabajo completos. Un consultor, por ejemplo, puede utilizarla para elaborar análisis y presentaciones. Pero las conversaciones con clientes, las negociaciones y la labor de conseguir el apoyo de las organizaciones siguen siendo mucho más difíciles de automatizar.

Por eso, los economistas advierten de que los estudios sobre cuántos empleos están «expuestos» a la IA suelen sobreestimar la pérdida real de puestos de trabajo.

Al mismo tiempo, la IA también puede crear empleo. Unos servicios jurídicos más baratos pueden aumentar, por ejemplo, la demanda de abogados. La expansión de los centros de datos genera una mayor demanda de técnicos. Además, una mayor productividad puede traducirse en más gasto en sanidad, educación y otros servicios que requieren mucha mano de obra.

Por tanto, quizá la cuestión principal no sea si la IA destruirá todos los empleos. Es mucho más probable que cambie, sobre todo, las tareas que realizan las personas, las competencias más valoradas y quién se beneficia finalmente de las ganancias de productividad.

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