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Hace cinco años, El Salvador hizo historia al convertirse en el primer país del mundo en adoptar Bitcoin (BTC) como moneda de curso legal. El presidente Nayib Bukele buscaba llegar a los salvadoreños sin cuenta bancaria, abaratar las transferencias internacionales de dinero y atraer inversión extranjera.

Cinco años después, la realidad se ha mostrado bastante más compleja. Bitcoin no se convirtió en un medio de pago cotidiano para millones de salvadoreños y la prometida inclusión financiera quedó en gran medida pendiente. Aun así, el experimento sí cambió algo: El Salvador situó Bitcoin en la agenda de gobiernos de todo el mundo y obtuvo a cambio una atención internacional inédita.

Bitcoin debía llegar a millones de salvadoreños

Uno de los principales argumentos de Bukele fue la inclusión financiera. Cuando Bitcoin se introdujo en 2021, solo el 35,9% de los salvadoreños de 15 años o más tenía una cuenta bancaria, según datos del Banco Mundial.

Sobre el papel, Bitcoin parecía ofrecer una solución. Para recibir y enviar BTC no hace falta una cuenta bancaria tradicional. En principio, basta con una billetera digital y conexión a internet.

En la práctica, precisamente el grupo al que el Gobierno quería llegar resultó difícil de convencer. Una investigación dirigida por el doctor Tobias Boos, de la Universidad de Viena, muestra que los usuarios de Bitcoin en El Salvador eran con relativa frecuencia jóvenes, hombres, urbanos y con mayor nivel educativo. Muchos de ellos, además, ya tenían una cuenta bancaria.

El Gobierno intentó impulsar el uso con la billetera Chivo. Los salvadoreños recibían 30 dólares en BTC gratis al registrarse. La medida despertó mucho interés al principio, pero apenas generó un uso sostenido.

Un estudio representativo a escala nacional mostró que más del 60% de los primeros usuarios de Chivo no realizó ninguna nueva transacción después de gastar los bitcoin gratuitos.

Bitcoin tampoco llegó a normalizarse en los comercios. El periodista especializado en Bitcoin Joe Nakamoto visitó 21 tiendas en un centro comercial de San Salvador. Solo cuatro aceptaban BTC y en apenas una el pago se realizó sin problemas.

Bitcoin no cumple su promesa en las remesas

Otra gran promesa giraba en torno a las transferencias internacionales de dinero. Muchos salvadoreños trabajan en el extranjero y envían parte de sus ingresos a sus familias en el país. En 2024, esos flujos equivalieron a alrededor del 24% del producto interior bruto. Cerca del 98% procedía de Estados Unidos.

Bukele veía Bitcoin como una vía para abaratar y simplificar esos pagos. Sin embargo, BTC tampoco logró abrirse paso en este ámbito. En 2024, solo alrededor del 1% de las remesas internacionales se canalizó a través de billeteras digitales.

Una razón importante es que El Salvador utiliza el dólar estadounidense como moneda oficial desde 2001. Por ello, el dinero enviado desde Estados Unidos normalmente no tiene que convertirse primero a otra divisa. Así desaparece parte del posible ahorro de costes que ofrecía Bitcoin.

El cambio de rumbo se hizo aún más evidente a finales de 2024. El Salvador alcanzó un acuerdo de financiación de 1.400 millones de dólares con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y, como parte del pacto, tuvo que reducir el papel del Estado en torno a Bitcoin.

Las empresas dejaron de estar obligadas a aceptar BTC, los impuestos debían pagarse en dólares estadounidenses y el sector público tenía que reducir su participación en actividades relacionadas con Bitcoin.

Eso no supuso la desaparición de Bitcoin en el país. Ciudadanos y empresas pueden seguir usando la criptomoneda de forma voluntaria. Pero sí puso fin en gran medida al intento del Gobierno de integrar activamente BTC en el sistema financiero diario. El FMI también vio pocas pruebas de que Bitcoin hubiera mejorado de forma sustancial la inclusión financiera.

Bitcoin Beach muestra una realidad distinta

Con todo, la historia no es igual en todas partes. En El Zonte, más conocido como Bitcoin Beach, BTC sigue teniendo un papel visible en la economía local.

La economía basada en Bitcoin surgió allí incluso antes de la entrada en vigor de la ley nacional sobre Bitcoin. Tiendas, hoteles y negocios turísticos siguen aceptando BTC, aunque ya no están legalmente obligados a hacerlo.

También hay historias individuales de éxito. Nakamoto citó, por ejemplo, el caso de Mama Rosa, que ahorra bitcoin con su puesto de pupusas. También habló con Napo, que logró ampliar su negocio de taxis de un solo vehículo a toda una flota.

Ese contraste resulta especialmente llamativo. Dentro de una pequeña comunidad donde Bitcoin ya estaba firmemente integrado, la criptomoneda sí parece poder funcionar como medio de pago. Llevar el mismo modelo a escala nacional resultó mucho más difícil.

Otras grandes ambiciones de Bukele apenas llegaron a materializarse. Su Gobierno presentó, entre otros proyectos, Bitcoin City y los llamados Bonos Volcán. Bitcoin City debía convertirse en una nueva ciudad en la que BTC y la inversión extranjera desempeñarían un papel central.

Esos planes sufrieron varios retrasos. Además, los acuerdos con el FMI han limitado el margen para seguir desarrollándolos.

Bitcoin dio a El Salvador una proyección mundial

Si se observa solo el uso cotidiano, queda poco de la revolución Bitcoin prometida en 2021. Sin embargo, su impacto internacional ha sido mucho mayor.

Antes de 2021, la idea de que un país adoptara oficialmente Bitcoin era sobre todo teórica. El Salvador llevó por primera vez ese escenario a la práctica.

Según Samson Mow, consejero delegado de la empresa de infraestructura Bitcoin JAN3, aquello también cambió el debate internacional. El Salvador demostró que un Gobierno podía estar realmente dispuesto a incorporar Bitcoin a su política económica. Para la comunidad bitcoiner internacional, el pequeño país centroamericano se convirtió así en un símbolo relevante.

De ahí surge, cinco años después, una pregunta interesante: ¿ayudó El Salvador sobre todo a Bitcoin, o fue Bitcoin quien ayudó sobre todo a El Salvador?

Según el investigador Boos, el peso internacional y simbólico parece haber sido finalmente mayor que el beneficio económico directo para la población. Nakamoto interpreta la política sobre Bitcoin en parte como una estrategia de marketing internacional. El país atrajo de pronto la atención de inversores extranjeros, empresarios, turistas y figuras destacadas del ecosistema Bitcoin.

Nombres conocidos del mundo Bitcoin, entre ellos Max Keiser y Stacy Herbert, se instalaron en El Salvador. Herbert fue nombrada más tarde directora de la Oficina Nacional de Bitcoin. Para un país relativamente pequeño, la estrategia vinculada a Bitcoin le dio una plataforma internacional excepcionalmente amplia.

Al mismo tiempo, el experimento difícilmente puede separarse de la figura de Bukele. Su Gobierno ha recibido fuertes críticas internacionales por la concentración de poder político y por el estado de excepción decretado en marzo de 2022 para combatir la grave violencia de las pandillas.

Organizaciones de derechos humanos advierten, entre otras cuestiones, de detenciones arbitrarias, problemas en torno al derecho a un juicio justo y un menor control sobre el poder del Gobierno.

Aun así, Bukele sigue siendo popular entre muchos salvadoreños. Una razón clave es la fuerte mejora de la seguridad. La tasa oficial de homicidios cayó de 53,1 por cada 100.000 habitantes en el año en que Bukele llegó al poder a 1,3 por cada 100.000 habitantes en 2025.

Mow advierte, no obstante, sobre el uso prolongado de poderes de emergencia. El poder que hoy se emplea con un fin determinado, señala, podría acabar más adelante en manos de otro líder.

Cinco años después de la histórica ley Bitcoin, el resultado es muy distinto al que se presentó en 2021. Bitcoin no se convirtió en un medio de pago cotidiano para millones de salvadoreños ni aportó la amplia inclusión financiera prometida.

Pero el experimento tampoco fue una simple nota a pie de página. El Salvador fue el primer país en incorporar Bitcoin a su estrategia económica. Su mayor legado quizá no esté en cuántos salvadoreños pagan hoy con BTC, sino en que, después de El Salvador, la adopción nacional de Bitcoin dejó de ser solo una idea teórica.

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