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El ataque con misiles iraní al complejo Ras Laffan en Catar ha dañado instalaciones que representan aproximadamente el 17% de la capacidad de exportación de GNL del país.

La recuperación tomará de tres a cinco años, declaró el CEO de QatarEnergy, Saad al-Kaabi, a Reuters. La noticia deja claro que la crisis energética derivada del conflicto con Irán no es temporal, sino estructural.

Daños mayores a lo inicialmente pensado

El complejo Ras Laffan ya había sido cerrado tras un ataque con drones a principios de marzo. Sin embargo, el reciente ataque con misiles ha causado daños significativamente mayores. QatarEnergy habló de «daños extensos» después de que un misil iraní impactara el complejo mientras otros cuatro fueron interceptados.

Un tiempo de recuperación de tres a cinco años significa que no se trata de simplemente reiniciar tras un alto el fuego. Las instalaciones de GNL son complejas y no se reparan o reemplazan rápidamente. Incluso si la guerra terminara mañana, este déficit en el suministro mundial de gas se sentiría durante años.

Precios del gas se duplican, y podría empeorar

Los futuros del gas europeo aumentaron un 35% el jueves y ahora están a más del doble del nivel anterior a la guerra. Catar es el segundo mayor exportador de GNL del mundo y normalmente proporciona alrededor de una quinta parte del suministro global. Ahora que el 17% de esa capacidad quedará fuera de servicio durante años, el suministro mundial se reduce estructuralmente.

Esto afecta principalmente a Europa y Asia. Los países europeos deben adquirir grandes cantidades de GNL este verano para reponer el almacenamiento de gas para el próximo invierno. Los compradores asiáticos, especialmente Japón, Corea del Sur y China, también dependen del gas catarí. Ambas regiones ahora compiten por una oferta que se reduce cada vez más.

Presión inflacionaria se convierte en problema duradero

Las consecuencias van más allá del mercado energético. Los precios del gas estructuralmente más altos impactan en los costos de electricidad, la producción industrial y, finalmente, los precios al consumidor. Esto hace que la presión inflacionaria, que ya preocupa a los bancos centrales, no sea temporal sino potencialmente duradera por años.

El BCE ya advirtió el jueves que la guerra podría aumentar la inflación y frenar el crecimiento. La confirmación de que la recuperación de Ras Laffan tomará años hace que ese escenario sea aún más probable.

¿Qué significa esto para los mercados?

Para los inversores, el mensaje es claro: la crisis energética ya no es una perturbación temporal, sino un problema estructural. Esto tiene implicaciones para casi todas las clases de activos. Las acciones de energía se benefician, pero el mercado en general está bajo presión debido a los costos más altos y las preocupaciones inflacionarias.

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