Kevin Warsh está a punto de demostrar su valía en Washington como el probable nuevo presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos. Según un extenso perfil del Financial Times, se enfrenta a uno de los trabajos más difíciles del mundo: no solo debe ayudar a dirigir la mayor economía del planeta, sino también sobrevivir a las preocupaciones por la inflación, la presión política de Donald Trump y una Reserva Federal dividida.
Por lo tanto, la gran pregunta no solo es quién es Warsh, sino sobre todo qué planea hacer diferente a su predecesor, Jerome Powell.
Un presidente de la Fed con grandes planes
Según el Financial Times, Warsh no quiere simplemente mantener el statu quo. Lleva años esperando este rol y tiene en mente grandes cambios, desde la forma en que la Fed se comunica hasta el tamaño del balance del banco central.
Warsh preferiría una comunicación más limitada que la de la Fed en los últimos años. No es partidario de los conocidos dot plots, los gráficos de tasas de interés que comparte el banco central con sus expectativas. En su opinión, esto hace que los responsables de política monetaria sean demasiado prisioneros de sus propias palabras. También considera excesivo el número de discursos y entrevistas de los funcionarios de la Fed. Su idea parece ser que un banco central es más creíble si actúa de manera coherente y no intenta explicar constantemente sus intenciones.
Eso supone una clara ruptura con el estilo de los últimos años, donde los mercados casi a diario intentaban descifrar qué significaban las palabras de los banqueros centrales.
Menos comunicación, más debate interno
Warsh también parece creer que la Fed necesita un debate interno más sólido. Según el artículo del FT, ve valor en lo que podría llamarse «discusiones familiares amistosas»: debates de contenido sólido dentro del banco central, en lugar de una cultura de consenso demasiado complaciente.
Esto es interesante, porque bajo Powell, la Fed fue vista a menudo como una institución que quería proyectar una imagen unificada al exterior. Warsh parece querer más espacio para ideas contrapuestas, aunque primero deberá lograr el apoyo de sus colegas.
Y precisamente ahí reside uno de sus mayores desafíos: criticar a la Fed desde fuera es más fácil que construir desde dentro una alternativa que realmente funcione.
El balance de la Fed debe reducirse
Otro punto importante es el enorme balance de la Fed, que ha crecido significativamente en las últimas décadas debido a las compras masivas de bonos durante la crisis financiera y el período del coronavirus. Warsh desearía reducir ese balance.
Según el Financial Times, él cree que, al hacerlo, la Fed podría ajustar las condiciones financieras de manera diferente, creando más espacio para bajar las tasas de interés a corto plazo. Sin embargo, esto conlleva un riesgo importante. Si la Fed reduce o vende más bonos, las tasas de interés a largo plazo podrían subir, lo que podría incrementar los costos de financiación para el gobierno de Estados Unidos y las hipotecas.
La verdadera prueba será Trump
La pregunta más delicada gira en torno a Donald Trump, quien lleva tiempo queriendo que la Fed reduzca las tasas rápida y significativamente. Pero en esto reside el mayor peligro para Warsh.
Si se alinea demasiado con Trump, corre el riesgo de romper la confianza con otros responsables de tasas dentro de la Fed y con los mercados financieros. Especialmente en un periodo en el que la inflación sigue siendo un problema, esto podría ser devastador para la credibilidad del banco central.
Pero si se opone a Trump, se enfrenta a un choque frontal con un presidente que no tiene reparos en criticar públicamente a los funcionarios de la Fed y presionarlos.
El Financial Times presenta a Warsh como alguien que podría encontrarse rápidamente entre dos fuegos. Es atractivo para Trump porque recientemente fue más dovish sobre las reducciones de tasas, pero también tiene un largo historial como hawk. Esto lo hace impredecible para la Casa Blanca.
Llega en un mal momento
Aparte de la presión política, el momento económico también es desafortunado. La guerra con Irán ha aumentado la presión inflacionaria, mientras que los mercados están menos convencidos de que habrá reducciones de tasas pronto. Esto significa que Warsh podría comenzar en un entorno donde tiene poco que ofrecer a Trump.
Y hay un segundo riesgo: la inestabilidad financiera fuera de los bancos tradicionales, por ejemplo, en el crédito privado. También eso podría convertirse en un tema importante durante sus primeros meses.
En resumen, Warsh no tiene el lujo de un escenario de una economía que se enfría con una inflación que desciende rápidamente. Enfrenta una economía llena de tensiones políticas y monetarias.
Su nombramiento aún no está completamente seguro
Como si eso no fuera lo suficientemente complicado, Warsh aún debe ser confirmado por el Senado. Y también ahí persiste la incertidumbre. Según el Financial Times, su nombramiento podría retrasarse mientras la investigación legal sobre Powell no se resuelva.
Esto hace que la situación sea notable: incluso si Trump lo desea, no es totalmente seguro cuándo podrá comenzar Warsh. Y precisamente esa demora podría, irónicamente, jugar a su favor, ya que decisiones judiciales sobre la independencia de otros funcionarios de la Fed podrían posteriormente protegerlo mejor contra la interferencia política.
Qué podemos esperar
Si Kevin Warsh se convierte en el nuevo presidente de la Reserva Federal, parece casi seguro que intentará cambiar la Fed tanto en contenido como institucionalmente. Menos comunicación, más debate interno, un balance más pequeño y una visión diferente sobre cómo debe funcionar la política monetaria.
Pero su éxito no se determinará solo por sus ideas. La verdadera cuestión es si es lo suficientemente fuerte para reformar la Fed sin dañar su credibilidad, y si puede mantener la independencia suficiente para no convertirse en el próximo banquero central que sucumba a la presión de la Casa Blanca.
Esto hace que su llegada sea potencialmente histórica. No porque solo determine las tasas de interés, sino porque su liderazgo puede decidir si la Fed permanece como un ancla independiente de confianza, o si cada vez más se convierte en un juguete de la política.
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