Los rendimientos de la deuda pública suben con fuerza en todo el mundo. En Estados Unidos, el rendimiento de los bonos del Tesoro a diez años se sitúa ya en su nivel más alto desde 2007. También aumentan los costes de financiación en Japón, Francia y otras grandes economías.

No hay una única causa. La carrera por la inteligencia artificial, la elevada deuda pública, la inflación y las tensiones geopolíticas son algunos de los factores. Estas son las diez tendencias que, según los expertos del mercado, impulsan los rendimientos de los bonos.

1. El crecimiento económico mantiene su fortaleza

Los inversores suelen refugiarse en la deuda pública cuando la economía se debilita. Ahora ocurre justo lo contrario.

La economía estadounidense sigue mostrando fortaleza y el crecimiento mundial resiste mejor de lo previsto. Los últimos datos de actividad apuntan incluso al mayor crecimiento en años en varias grandes economías.

Esto aumenta la probabilidad de que la inflación siga elevada y los bancos centrales tengan que mantener los tipos altos durante más tiempo. Además, cuando la economía va bien, los inversores tienden a optar por la renta variable, lo que reduce la demanda de bonos.

2. Se encarecen el petróleo y otras materias primas

La guerra entre Estados Unidos e Irán ha afectado al suministro energético mundial. Como consecuencia, el precio del petróleo Brent llegó a superar los 126 dólares por barril.

El encarecimiento del petróleo se traslada a los precios de la gasolina, el diésel, el transporte y, en última instancia, a muchos otros productos. Los precios de los alimentos también han subido.

Si esto prolonga la inflación elevada, los inversores exigen una mayor rentabilidad a los bonos a largo plazo.

3. Los bancos centrales suben los tipos de interés

La Reserva Federal subió los tipos en septiembre y ha señalado que podrían ser necesarias nuevas subidas para controlar la inflación.

Los bancos centrales de Australia y Japón también han elevado los tipos. Además, los inversores contemplan posibles subidas en Europa, el Reino Unido y Canadá.

Unos tipos oficiales más altos restan atractivo a los bonos ya emitidos que ofrecen un interés inferior. Sus precios bajan y, con ello, aumenta su rentabilidad.

4. Las empresas de IA captan cientos de miles de millones en deuda

La carrera por la inteligencia artificial genera una enorme demanda adicional de capital. Las empresas tecnológicas han colocado ya este año más de 400.000 millones de dólares en bonos en todo el mundo para financiar inversiones en chips, centros de datos y otras infraestructuras de IA.

Así, las tecnológicas compiten cada vez más con los gobiernos por el dinero de los mismos inversores.

Cuanto mayor es la oferta de nuevos bonos, más atractiva debe ser su rentabilidad para encontrar suficientes compradores. Las enormes inversiones en IA pueden, por tanto, impulsar también de forma indirecta los rendimientos de la deuda pública.

5. La deuda pública sigue creciendo

Los gobiernos también necesitan cada vez más financiación. La deuda pública de Estados Unidos ya supera los 40 billones de dólares.

Se prevé que los países de la OCDE capten este año, en conjunto, unos 18 billones de dólares mediante deuda. Esto supone que los inversores tendrán que absorber un enorme volumen de nuevas emisiones de deuda pública.

Ante una oferta tan elevada, los inversores pueden exigir una mayor rentabilidad antes de prestar su dinero.

6. El gasto en defensa alcanza máximos históricos

El aumento del gasto en defensa también eleva las necesidades de financiación de los gobiernos. La guerra con Irán, la guerra en Ucrania y el rearme generalizado impulsan el gasto militar en todo el mundo.

El presupuesto de defensa de Estados Unidos superó por primera vez el billón de dólares en el ejercicio fiscal de 2026. Los países europeos y asiáticos también invierten más en defensa.

Cuando estos gastos adicionales se financian con nueva deuda, los gobiernos tienen que emitir aún más bonos.

7. Japón podría estar vendiendo deuda estadounidense

Japón también puede contribuir a la presión vendedora. Sus reservas de valores extranjeros disminuyeron en agosto en 87.800 millones de dólares, una caída récord.

Es posible que Japón vendiera, entre otros activos, bonos del Tesoro estadounidense para sostener su moneda. Nuevas intervenciones podrían añadir más presión vendedora.

Además, la estrategia de endeudarse a bajo coste en yenes para invertir en activos extranjeros pierde atractivo a medida que suben los tipos en Japón. Los inversores que recurrieron a ella para comprar bonos extranjeros podrían verse obligados a reducir sus posiciones.

8. La guerra comercial aumenta el riesgo de inflación

La política comercial del presidente Donald Trump añade un riesgo inflacionista. Unos aranceles más altos pueden encarecer los productos extranjeros para los consumidores y las empresas estadounidenses.

Si esto mantiene la inflación elevada durante más tiempo, los bancos centrales podrían retrasar las bajadas de tipos o incluso volver a subirlos.

Además, la creciente incertidumbre geopolítica lleva a algunos inversores a exigir una mayor remuneración por mantener deuda pública a largo plazo.

9. Los compradores tradicionales pierden peso

También cambia el perfil de los compradores de deuda pública estadounidense. La Reserva Federal y los bancos centrales extranjeros poseen una proporción menor de estos títulos que hace unos años.

Su lugar lo ocupan cada vez más inversores privados, entre ellos fondos de inversión libre. Estos suelen ser más sensibles al precio y a la rentabilidad que obtienen.

Por ello, unos rendimientos más altos podrían resultar cada vez más necesarios para generar suficiente demanda de las nuevas emisiones de deuda estadounidense.

10. Hay menos ahorro disponible en el mundo

Durante años, el exceso de ahorro mundial favoreció una elevada demanda de bonos y unos tipos relativamente bajos. Según Oxford Economics, esa etapa ha quedado en gran medida atrás.

Al mismo tiempo, los gobiernos y las empresas necesitan enormes cantidades de capital para financiar la deuda pública, la defensa, la transición energética y los cientos de miles de millones destinados a infraestructuras de IA.

Esto intensifica la competencia por el capital disponible. Los inversores tienen más opciones y pueden exigir mayores rentabilidades antes de prestar su dinero. Todo ello añade presión al alza sobre los rendimientos de los bonos.

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