El multimillonario mexicano Ricardo Salinas Pliego se posiciona cada vez más como un desafiante del poderoso partido gobernante Morena. En un país donde la presidencia, el congreso y gran parte del poder judicial están bajo el control de un único movimiento político, esto es excepcional.

Salinas coquetea abiertamente con una candidatura presidencial y se presenta como una alternativa radical al gobierno populista de izquierda de la presidenta Claudia Sheinbaum.

Ambición política con una sombra fiscal

Su mensaje es contundente: México podría estar dirigiéndose hacia un sistema de partido único de facto, con un poder estatal creciente, más redistribución y menos espacio para la iniciativa privada. Salinas se autodenomina defensor de la libertad individual, la propiedad privada y un estado mínimo. Se inspira en líderes como Javier Milei en Argentina y Nayib Bukele en El Salvador.

No obstante, el ascenso político de Salinas está marcado por una pesada sombra. Según el servicio de impuestos de México, sus empresas podrían deber hasta 4,2 mil millones de dólares en impuestos atrasados, un conflicto que se ha prolongado por más de quince años. Tras un reciente fallo de la corte suprema, el estado exige el pago, de lo contrario amenaza con confiscar bienes.

Salinas habla de persecución política y utiliza su confrontación con el gobierno para reforzar su narrativa: el estado como enemigo del individuo y el capital. El gobierno lo ve de otra manera y lo acusa de utilizar sus ambiciones políticas como un cortina de humo para sus obligaciones fiscales.

Inusualmente estridente para un empresario mexicano

Llama la atención lo abiertamente que Salinas toma la ofensiva. Tradicionalmente, los empresarios mexicanos se mantienen discretos para evitar conflictos con el gobierno y la pérdida de contratos. Salinas rompe con esa cultura.

Con empresas de medios, bancos, cadenas minoristas y actividades de telecomunicaciones bajo su control, tiene tanto el alcance como los medios para difundir su mensaje.

Los críticos lo describen como una variante mexicana de Silvio Berlusconi: un empresario que busca poder político para proteger sus intereses económicos. Sus partidarios ven en él a un empresario que se atreve a enfrentarse a un estado cada vez más poderoso.

Su larga historia con Bitcoin

Un elemento destacado en el perfil de Salinas es su apoyo declarado y duradero a Bitcoin (BTC). Durante años se ha presentado como uno de los defensores de Bitcoin más conocidos en América Latina. Describe Bitcoin como una protección contra la inflación, restricciones de capital y abusos gubernamentales, temas que se alinean estrechamente con su discurso político.

Salinas ha declarado repetidamente que una parte significativa de su patrimonio personal está en Bitcoin. También ha abogado por que los bancos mexicanos ofrezcan servicios de Bitcoin y que los ciudadanos tengan alternativas al dinero estatal. En entrevistas y redes sociales, compara con frecuencia Bitcoin con la «libertad financiera» y describe el dinero fiduciario como un instrumento de control político.

En su crítica a Morena y al estado mexicano, esa convicción se hace evidente. Según Salinas, el caso fiscal demuestra por qué los ciudadanos deben ser independientes de los gobiernos y por qué son importantes las formas de dinero duraderas y no políticas.

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