Las dudas sobre el ciclo de inversión en inteligencia artificial aumentan rápidamente. Meta perdió alrededor de un 7% el jueves, mientras que Nvidia y Amazon cayeron un 4% y Alphabet, un 3%. El Nasdaq retrocedió un 2,6%.

El motivo fue llamativo: no preocupa la falta de demanda de IA, sino cómo se financiará toda esa inversión.

Meta compromete 825.000 millones de dólares en inversiones

Meta dio a conocer esta semana tres datos que inquietaron a los inversores. La empresa registró un flujo de caja libre negativo, advirtió de que el capital es cada vez más escaso y acumula compromisos de inversión futura por unos 825.000 millones de dólares.

Meta reconoce, además, que cada vez más gigantes tecnológicos necesitan enormes cantidades de capital al mismo tiempo. Alphabet, SpaceX, Anthropic y OpenAI compiten por las mismas fuentes de financiación, lo que encarece el coste del dinero.

Los inversores buscan refugio en la deuda pública

Ese temor se refleja claramente en el mercado de bonos. La rentabilidad de la deuda estadounidense a diez años volvió a caer el jueves, pese al alza del petróleo. Lo habitual es que el encarecimiento del crudo eleve las expectativas de inflación y, con ellas, las rentabilidades de los bonos.

Esta vez ocurrió lo contrario. Esto apunta a que las preocupaciones por el crecimiento económico y el ciclo de inversión en IA pesan más en estos momentos.

Los inversores venden activos de riesgo y compran deuda pública estadounidense. Como consecuencia, suben los precios de los bonos y bajan sus rentabilidades.

La corrección puede generar su propio freno

Ahí reside también el aspecto positivo: unos tipos de interés más bajos abaratan la financiación de centros de datos, chips y otras infraestructuras.

Además, la bajada de los tipos eleva el valor actual de los beneficios futuros de las empresas, lo que favorece especialmente a las acciones tecnológicas.

Se produce así un mecanismo llamativo. Las dudas sobre la IA provocan caídas en bolsa que llevan a los inversores a refugiarse en los bonos. Sus rentabilidades bajan y, con ello, mejoran las condiciones de financiación de las empresas de IA.

No todas las burbujas tienen que estallar de inmediato

Por tanto, la corrección actual no tiene por qué suponer el fin de las subidas bursátiles vinculadas a la IA. También podría dar paso a una etapa de valoraciones más moderadas, menores costes de financiación e inversiones que continúen a un ritmo más pausado.

La disposición a invertir apenas parece haberse debilitado. Las dudas no se centran en el potencial de la IA. El mercado se pregunta, sobre todo, quién financiará esos cientos de miles de millones y a qué tipo de interés. Ese es ahora el punto débil de la apuesta bursátil por la IA.

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