El Banco de Japón parece dispuesto a aplazar una nueva subida de los tipos de interés. Según fuentes conocedoras de sus deliberaciones, es poco probable que la entidad vuelva a elevarlos a finales de octubre, aunque una subida en diciembre sigue siendo posible. Mientras tanto, la debilidad del yen y el encarecimiento del petróleo añaden presión sobre la economía japonesa.

El Banco de Japón se inclina por aplazar otra subida de tipos

El Banco de Japón elevó los tipos al 1,25 por ciento en septiembre. Fue la segunda subida en tres meses, el ritmo más rápido desde 1990.

Sin embargo, el banco central no parece tener prisa por dar el siguiente paso. Según fuentes que han hablado con Bloomberg bajo condición de anonimato, los responsables de la política monetaria se inclinan por mantener los tipos sin cambios en la reunión del 30 de octubre.

La decisión aún no es definitiva. El banco central podría cambiar de rumbo en el último momento si los nuevos datos económicos lo justifican.

La posibilidad de que Japón haga una pausa no resulta sorprendente. La última vez que el Banco de Japón subió los tipos en dos meses consecutivos fue en 1980.

Los mercados financieros tampoco prevén una subida de tipos en octubre. Los operadores sitúan esa probabilidad en torno al diez por ciento. Para diciembre, la probabilidad de una nueva subida ronda el 88 por ciento.

Los economistas son algo más cautos. Una encuesta anterior mostraba que alrededor de un tercio esperaba una subida en diciembre, mientras que más de la mitad la situaba en enero.

El banco central japonés busca mantener la inflación de forma sostenida en torno a su objetivo del dos por ciento. Según el gobernador, Kazuo Ueda, la inflación subyacente ya se sitúa cerca de ese nivel.

La debilidad del yen y el alza del petróleo aumentan la presión

El yen es un factor clave en las decisiones sobre los tipos de interés. La moneda japonesa lleva tiempo bajo presión frente al dólar estadounidense.

Tras conocerse la posibilidad de una pausa en las subidas de tipos, el yen se debilitó inicialmente, aunque después recuperó algo de terreno. El tipo de cambio se situó en torno a los 157,08 yenes por dólar.

Como referencia, justo antes de la subida de tipos del 18 de septiembre, el dólar cotizaba a unos 155,87 yenes.

La debilidad del yen encarece los productos importados. Esto es especialmente relevante para Japón, que depende en gran medida de las importaciones de energía.

Los precios del petróleo han subido alrededor de un quince por ciento desde finales de julio, lo que amenaza con elevar aún más los costes para las empresas y los hogares.

Los precios de producción en Japón aumentaron un 6,8 por ciento interanual en septiembre. Aunque el ritmo de las subidas se modera, la presión inflacionista sigue siendo considerable.

Por ello, el Banco de Japón vigila no solo el tipo de cambio, sino también la evolución de la situación en Oriente Próximo y la fuerte demanda de productos y servicios vinculados a la inteligencia artificial.

En la reunión del 30 de octubre, el banco central publicará además nuevas previsiones económicas. Estas deberán tener en cuenta, entre otros factores, el encarecimiento del petróleo y una posible rebaja temporal del impuesto sobre el consumo aplicado a los alimentos.

Los tipos y la inflación de Estados Unidos también son clave

La política monetaria estadounidense también es relevante para Japón. El diferencial de tipos entre ambos países influye en el atractivo del yen frente al dólar.

Tras las recientes declaraciones de varios responsables de la Reserva Federal, los inversores no esperan una bajada de tipos en Estados Unidos en octubre.

Esta semana se publicarán nuevos datos de inflación en Estados Unidos. Estos podrían influir en las expectativas sobre la política monetaria de la Reserva Federal y, por tanto, en el tipo de cambio entre el dólar y el yen.

El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, ya había instado a Japón a seguir normalizando su política monetaria. Además, a finales de julio, Estados Unidos y Japón intervinieron conjuntamente en el mercado de divisas para respaldar al yen.

El Banco de Japón sigue así ante una decisión compleja. Unos tipos más altos pueden sostener al yen y contener la inflación, pero también encarecen la financiación para los hogares y las empresas japonesas.

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