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El rápido avance de la inteligencia artificial no solo está impulsando inversiones multimillonarias en chips y centros de datos, sino que también está dando un fuerte empuje al mercado de la financiación sostenible.

Según ING Research, la emisión mundial de deuda sostenible podría alcanzar en 2026 alrededor de 1,62 billones de dólares. El principal motor es el rápido aumento de la demanda de electricidad por parte de los centros de datos de IA, que a su vez está elevando la inversión en energías limpias y redes eléctricas.

La IA impulsa una nueva ola de financiación verde

Los centros de datos destinados a la inteligencia artificial consumen mucha más electricidad que la infraestructura digital tradicional. Para cubrir esa demanda creciente, las compañías energéticas deben invertir en nuevas centrales, fuentes renovables y en la ampliación de la red eléctrica.

ING prevé que este tipo de proyectos se financien cada vez más mediante bonos verdes y préstamos verdes. En estos instrumentos, el capital captado se destina exclusivamente a proyectos con objetivos sostenibles.

Para este año, ING calcula unos 700.000 millones de dólares en bonos verdes y 255.000 millones de dólares en préstamos verdes. En conjunto, estas vías de financiación representan una parte relevante del mercado total de financiación sostenible.

También se espera que las tecnológicas acudan con más frecuencia a los mercados de capitales. La carrera mundial por ampliar la infraestructura de IA exige decenas de miles de millones de dólares adicionales en centros de datos, chips y capacidad de red.

Los centros de datos de IA ponen presión sobre la transición energética

El rápido crecimiento de la IA también tiene una contrapartida. Los centros de datos consumen enormes cantidades de electricidad. Por ello aumenta la atención sobre el origen de esa energía y sobre la presión que estas instalaciones ejercen sobre las redes eléctricas locales.

Además, no todos los nuevos centros de datos podrán optar automáticamente a financiación verde. Los proyectos deberán demostrar cada vez con más claridad que ahorran energía, utilizan fuentes más limpias o contribuyen a ampliar infraestructuras sostenibles.

ING espera por ello que el auge de la IA acelere dos tendencias al mismo tiempo. Por un lado, se invertirán grandes sumas en infraestructura digital. Por otro, crecerá la necesidad de avanzar con mayor rapidez en la descarbonización del sistema energético y de reforzar aún más la red eléctrica.

Esto dibuja una evolución llamativa: una tecnología conocida por su elevado consumo energético puede estimular indirectamente miles de millones de dólares en inversiones adicionales en energías renovables y redes eléctricas modernas.

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