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La inversión en inteligencia artificial (IA) se dispara. Gigantes tecnológicos como OpenAI, Meta y Nvidia destinan cientos de miles de millones de dólares a centros de datos, chips e infraestructuras, con la vista puesta en un futuro en el que las máquinas asumirán gran parte de nuestro trabajo. Pero cada vez más expertos alertan de que el sector podría seguir la misma senda que la burbuja de Internet de finales de los años noventa.

Cifras sin precedentes para la IA

El pistoletazo de salida llegó a comienzos de este año, cuando el CEO de OpenAI, Sam Altman, presentó su ambicioso proyecto Stargate: un plan de infraestructura de IA con un precio de nada menos que 500.000 millones de dólares. Ahora habla incluso de trillones en gasto futuro. Mark Zuckerberg, de Meta, también quiere invertir cientos de miles de millones en centros de datos, mientras que Nvidia prometió recientemente hasta 100.000 millones para financiar las ampliaciones de OpenAI.

Para los críticos, eso plantea interrogantes. Nvidia suministra los costosos chips de IA que compran actores como OpenAI y, al invertir también, el fabricante parece sostener indirectamente su propia demanda.

Advertencias de los analistas

Según la consultora Bain & Co., las empresas de IA deberían generar de aquí a 2030 unos 2 billones de dólares anuales en ingresos para costear la potencia de cómputo necesaria. La realidad: corren el riesgo de quedarse cortas en 800.000 millones. Por ello, el gestor de hedge funds David Einhorn advierte de que acecha “una enorme destrucción de capital”.

Las preocupaciones se refuerzan con señales de la práctica. Investigadores del MIT descubrieron que el 95% de las empresas no obtuvo ningún rendimiento de sus inversiones en IA. Harvard y Stanford señalaron que la IA a menudo conduce al “workslop”: producción vacía que parece trabajo productivo, pero no aporta valor real.

Ecos de la burbuja puntocom

Las similitudes con la burbuja de Internet son claras: inversiones enormes, valoraciones desorbitadas y aún pocas pruebas de que los modelos sean rentables. En los noventa, las compañías de telecomunicaciones se lanzaron en masa a desplegar redes de fibra óptica para las que la demanda resultó insuficiente. Hoy vemos una “fiebre del oro” similar por los centros de datos de IA.

Al mismo tiempo, hay diferencias. Las actuales Magnificent Seven (Microsoft, Google, Apple, Meta, Nvidia, Amazon y Tesla) cuentan con reservas por miles de millones y modelos de negocio probados. Su sólida base financiera podría amortiguar un desplome brusco.

¿Qué dice el sector?

Sam Altman, de OpenAI, admite que en el mercado hay exceso de euforia, pero sigue convencido de que la IA es la tecnología más importante de nuestro tiempo. Zuckerberg comparte ese optimismo: para él, el mayor riesgo no es invertir de más, sino quedarse corto.

Lo cierto es que apps de IA como ChatGPT ya suman 700 millones de usuarios semanales, con una adopción a un ritmo inédito. Pero si eso basta para justificar las inversiones astronómicas, por ahora sigue siendo la gran incógnita.

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