Los inversores examinan con creciente escepticismo los miles de millones destinados a chips de inteligencia artificial (IA) y centros de datos, lo que presiona a los valores vinculados al sector. El martes, uno de los inversores más poderosos de Wall Street afirmó que casi con toda seguridad existe una burbuja en torno a la IA, aunque su propio fondo compró este verano acciones del sector con descuento.

Griffin teme un exceso de chips

Ken Griffin, fundador y consejero delegado del fondo de inversión libre Citadel, hizo estas declaraciones en una conferencia en Nueva York. En una burbuja, las cotizaciones se disparan muy por encima de lo que justifican los beneficios reales de las empresas.

No es una cuestión que afecte solo a quienes invierten en tecnología. Según el banco de inversión JPMorgan, 41 empresas vinculadas a la IA concentran ya casi la mitad de la capitalización del S&P 500, el índice que agrupa a las 500 mayores compañías estadounidenses. Solo las empresas ferroviarias llegaron a tener un peso mayor en el índice, en el siglo XIX.

Aun así, Griffin no se muestra demasiado preocupado. A su juicio, toda gran transformación económica viene acompañada de una burbuja, como ocurrió con el auge de internet en torno al año 2000. Según explicó, lo que queda tras esas burbujas, si se quiere utilizar ese término, suele cambiar las reglas del juego a escala mundial.

Además, señaló que las empresas que sobreviven a esas burbujas se convierten en líderes del mercado durante las décadas siguientes.

Para Griffin, el peligro reside sobre todo en los propios chips. Las tecnológicas gastan cientos de miles de millones en unidades de procesamiento gráfico (GPU), los chips con los que se entrenan y ejecutan los modelos de IA, con la expectativa de poder alquilar esa capacidad de cálculo a precios elevados durante años.

Griffin compara esos chips con los asientos de un avión. El grueso del coste está en la compra, mientras que atender a un cliente adicional apenas supone un gasto. Por eso, una aerolínea prefiere vender un asiento por 20 dólares antes que dejarlo vacío.

Si el sector desarrolla más capacidad de cálculo de la que necesitan los clientes, ocurrirá lo mismo con las GPU: los proveedores competirán a la baja y los precios se desplomarán. Las inversiones multimillonarias dejarán de recuperarse, un escenario en el que la burbuja se desinfla.

Eso ocurrió en torno al año 2000 con la fibra óptica, cuando las empresas de telecomunicaciones tendieron mucho más cable del necesario. Griffin también duda de que los chips con cinco o seis años de antigüedad puedan seguir alquilándose a precios elevados durante varios años más.

El consejero delegado de Nvidia, Jensen Huang, tiene otra visión. En enero, en Davos, afirmó que el sector apenas había invertido unos cientos de miles de millones de dólares y que aún quedaban billones por destinar a la construcción de infraestructuras.

Citadel compró las acciones que otros se vieron obligados a vender

El 30 de julio, Citadel adquirió, con un descuento de alrededor del 10 por ciento, la mayor parte de la cartera de acciones de Situational Awareness. Este fondo de inversión libre, creado por el exinvestigador de OpenAI Leopold Aschenbrenner, había sufrido un duro revés.

El fondo había tomado prestado hasta cuatro veces su patrimonio para comprar acciones vinculadas a la IA y, según las estimaciones, habría perdido alrededor del 67 por ciento de su valor en julio. Esto llevó a sus prestamistas a exigirle cada día más garantías, lo que lo obligó a vender.

Citadel ya ha reducido en más de un 80 por ciento la exposición al riesgo de esa cartera, según escribió Griffin a sus clientes en agosto. Así, quien ahora advierte de una burbuja había aprovechado antes las compras a precio de saldo.

Los inversores se preguntan cada vez más si las ingentes inversiones en IA acabarán siendo rentables. El elevado precio del petróleo y las altas rentabilidades de la deuda pública también pesan sobre el mercado. Los costes de financiación suben y las exigencias de rentabilidad son cada vez mayores.

Goldman Sachs Research prevé que el crecimiento de la inversión de las principales empresas que desarrollan infraestructuras de IA se reduzca del 75 por ciento registrado en el tercer trimestre de 2025 al 25 por ciento a finales de este año. El ritmo quedaría así en un tercio, y los fabricantes de chips serían los primeros en notar el impacto en su facturación.

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