Wall Street afronta una jornada intensa. Hoy todas las miradas están puestas en el informe de empleo de Estados Unidos, aunque el mercado laboral no es el único riesgo. Al mismo tiempo, el precio del petróleo vuelve a subir, la rentabilidad del bono estadounidense a 10 años repunta y el índice dólar firmó su mejor sesión en dos semanas.
El oro también superó los 4.300 dólares. No es precisamente un entorno de mercado tranquilo. El mercado vuelve a descontar inflación, tensiones geopolíticas y tipos más altos.
El informe de empleo marcará el relato de la Fed
Los economistas esperan que en julio se hayan creado unos 80.000 empleos en Estados Unidos, después del débil aumento de 57.000 puestos registrado en junio.
Un dato en línea con lo previsto o por debajo de las expectativas puede reducir la probabilidad de una subida de tipos en septiembre, especialmente si los salarios no muestran nuevas presiones inflacionistas.
Pero el informe no lo decide todo. En las últimas tres semanas, las nuevas solicitudes de subsidio por desempleo se situaron por debajo de 200.000. Es un nivel bajo y no apunta a un mercado laboral en el que las empresas estén despidiendo de forma masiva.
Por eso, un informe de empleo flojo no tiene por qué disuadir de inmediato a la Fed de subir los tipos.
La Fed añade incertidumbre al mercado
El problema es que el banco central estadounidense sigue sin aclarar su función de reacción. Los inversores no saben con precisión cómo responderá la Fed a los nuevos datos. ¿Qué combinación de creación de empleo, salarios, inflación y precios del petróleo sería suficiente para una subida de tipos?
Al no estar claro, el mercado se ve obligado a hacer sus propias apuestas. Eso aumenta la probabilidad de una reacción brusca esta tarde. Un informe de empleo sólido puede elevar rápidamente las expectativas de una subida de tipos. En cambio, un informe débil no tiene por qué reducirlas con la misma intensidad, porque el mercado laboral aún ofrece señales de fortaleza.
Ormuz sigue siendo el gran problema
A eso se suma el precio del petróleo. El Brent vuelve a situarse en torno a los 83 dólares por barril. No es un nivel extremo, pero sí lo bastante alto como para mantener vivo el debate sobre la inflación.
El mercado ya había descontado una reapertura del estrecho de Ormuz. Pero la realidad sobre el terreno sigue siendo frágil. El tráfico marítimo comercial continúa limitado y la tensión militar persiste.
Trump habla de avances, mientras Irán le acusa de hacer teatro político. Mientras Ormuz no reabra de forma creíble y viable para el comercio, el precio del petróleo seguirá siendo vulnerable. Y mientras el crudo se mantenga alto, la inflación seguirá siendo persistente.
Por qué esto es crucial para las tecnológicas
Para los valores de semiconductores y otros activos sensibles a los tipos, hay una cuestión clave: las rentabilidades a largo plazo tienen que bajar.
Unos resultados trimestrales sólidos ayudan, pero no resuelven el problema de fondo. Si el petróleo se mantiene alto, suben las expectativas de inflación y repunta la rentabilidad del bono a 10 años, las valoraciones se verán presionadas.

Esto resulta especialmente peligroso para las acciones de inteligencia artificial y tecnológicas, donde gran parte de los beneficios futuros ya está descontada en el precio.
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