El euro digital está cada vez más cerca. Las instituciones europeas apoyan el plan del Banco Central Europeo (BCE), pero aún se negocian detalles como la privacidad y los saldos de ahorro. La pregunta central: ¿cómo crear una alternativa digital al dinero en efectivo que sea segura y ampliamente aceptada?

Moneda oficial, online y offline

El euro digital debe convertirse en moneda de curso legal en la Unión Europea, lo que significa que tiendas y empresas deben aceptarlo en principio. La moneda debe funcionar con o sin conexión a internet, para que también sean posibles los pagos offline.

Existe un amplio apoyo a una fuerte protección de la privacidad, el acceso para personas sin cuenta bancaria y una protección de datos sólida. La Comisión Europea destaca que estos elementos probablemente no cambiarán.

Privacidad versus supervisión: buscando un equilibrio

El principal punto de discusión sigue siendo la privacidad. Los ciudadanos desean anonimato como el dinero en efectivo, mientras que los gobiernos quieren poder detectar el lavado de dinero y el fraude. El experto financiero Apostolos Thomadakis lo llama un “campo minado político”.

Parece que se está gestando un compromiso: anonimato limitado en pequeñas transacciones y estricta supervisión en pagos mayores. Esto debería hacer que el euro digital sea tanto seguro como práctico.

¿Cuánto se puede poseer?

Otra cuestión abierta es cuántos euros digitales podrán poseer las personas. Demasiado dinero ahorrado fuera de los bancos puede desestabilizar el sistema financiero. Por lo tanto, ese límite será crucial.

Tampoco está claro si las tiendas estarán obligadas a aceptar el euro digital, qué costos pueden cobrar los proveedores de servicios de pago y hasta dónde llega la privacidad en el uso online.

Modelo híbrido para garantizar estabilidad

Según la organización de consumidores BEUC, hay un amplio apoyo a un modelo híbrido con pagos tanto online como offline. De esta manera, el sistema se mantiene estable y accesible, incluso si internet deja de funcionar o los bancos no están temporalmente disponibles.

Presión geopolítica: Europa debe acelerar

La prisa europea no es casual. Las stablecoins de países como Estados Unidos están ganando terreno y amenazan la autonomía monetaria de Europa. La presidenta del BCE, Christine Lagarde, advirtió recientemente sobre la fuga de capitales si Europa llega tarde.

A nivel mundial, 137 países trabajan en monedas digitales de bancos centrales. China va a la cabeza: a partir de 2026, los bancos chinos podrán pagar intereses sobre saldos en yuanes digitales. Europa no quiere que esa brecha se amplíe más.

La legislación determina el calendario

El momento es ahora crucial. Sin legislación, no pueden iniciarse proyectos piloto ni obligarse a los comerciantes a aceptar euros digitales. Los próximos años decidirán si el proyecto realmente despega y si los ciudadanos llegan a confiar en él.

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