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El Banco Central Europeo (BCE) ha decidido nuevamente no subir las tasas de interés. A pesar del aumento de la inflación y las crecientes tensiones geopolíticas, el banco central opta por esperar. Así, la tasa de política monetaria se mantiene en el dos por ciento, mientras aumentan las presiones sobre la economía y los mercados financieros.

La decisión se toma en un momento en que las perspectivas económicas en la eurozona se deterioran. A la vez, la incertidumbre crece debido al alza de los precios energéticos y los conflictos continuos en el Medio Oriente.

La inflación sube, el crecimiento económico se estanca

Nuevas cifras muestran que la inflación en la eurozona ha vuelto a aumentar. En abril alcanzó el tres por ciento, el nivel más alto en meses. Los precios energéticos más altos juegan un papel importante en este aumento.

Al mismo tiempo, la economía se desacelera. El crecimiento en el primer trimestre se redujo al 0,1 por ciento, frente al 0,2 por ciento anterior. La confianza del consumidor también sufrió un golpe significativo. La guerra persistente en el Medio Oriente genera incertidumbre entre los hogares y las empresas.

Los economistas ven un aumento de los riesgos. Según Peter Vanden Houte, economista de ING, todo apunta a un debilitamiento adicional de la economía en el segundo trimestre de 2026.

El aumento de los precios del petróleo refuerza estas preocupaciones. Un barril de petróleo Brent alcanzó su nivel más alto en cuatro años. Los consumidores también lo notan directamente en las gasolineras, donde el precio de la gasolina subió a más de 2,60 euros por litro.

Por qué el BCE no interviene aún

A primera vista, un aumento de tasas parecería lógico. Sin embargo, el BCE opta por no hacer nada por ahora. Los economistas tienen una razón clara para esto.

Oliver Rakau, economista jefe de Oxford Economics, señala que los precios energéticos aún no se desvían lo suficiente de las expectativas del BCE. Además, las negociaciones entre Estados Unidos e Irán mantienen la esperanza de un conflicto breve.

Él prevé que el impacto económico de la situación actual podría ser temporal. Por ello, disminuyen las preocupaciones sobre los llamados efectos de segunda ronda, que son consecuencias indirectas de la inflación, como salarios más altos y precios que siguen aumentando.

Solo cuando esos efectos sean claramente visibles, el BCE intervendrá, según él.

Mirada hacia junio: posible subida de tasas

La atención ahora se desplaza a la próxima reunión de política. Los economistas esperan que junio sea un momento decisivo.

Si persisten señales como el aumento de las expectativas de inflación y un mercado laboral fuerte, las tasas podrían subir un 0,25 por ciento hasta el 2,25 por ciento. Economistas de BNP Paribas también destacan que la decisión actual indica principalmente que aún no hay suficiente información para actuar.

La Reserva Federal sigue la misma línea

No solo en Europa las tasas se mantienen estables. También el banco central estadounidense, la Reserva Federal, decidió dejar las tasas sin cambios. Estas permanecen dentro de un rango de 3,5 a 3,75 por ciento.

La Fed también espera más claridad sobre la inflación antes de intervenir. Al mismo tiempo, la política juega un papel. El presidente Donald Trump ha abogado durante mucho tiempo por tasas más bajas para estimular la economía y ha instado repetidamente al banco central a ello.

Para el BCE y la Fed, los próximos meses serán cruciales. La combinación de inflación, tensiones geopolíticas y crecimiento debilitado pone cada vez más presión sobre la política de tasas de interés.

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