El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, está bajo presión en las capitales europeas tras su claro apoyo a la guerra de Donald Trump contra Irán. Según los diplomáticos, su postura genera irritación en Europa, justo en un momento en que el continente ya lidia con las consecuencias económicas del conflicto en Oriente Medio.

Capitales europeas quieren mantener distancia

El núcleo de la frustración radica en que muchos países europeos quieren evitar a toda costa verse más involucrados en esta guerra, mientras que Rutte dio la impresión de que los aliados europeos finalmente se unirán a las operaciones marítimas estadounidenses en el estrecho de Ormuz.

La división gira en torno a hasta qué punto Europa debe alinearse con la postura estadounidense. Trump insiste en que los países de la OTAN participen en una armada que proteja la navegación en el estrecho de Ormuz, crucial para el suministro mundial de petróleo y gas.

Pero muchas naciones europeas no están dispuestas a ello. En su opinión, esta no es una guerra que eligieron. Declaraciones como la de la jefa de política exterior de la UE, Kaja Kallas, “esta no es nuestra guerra”, resumen bien ese sentimiento.

En ese contexto, las palabras de Rutte cayeron mal. Su apoyo a Trump es visto por varios diplomáticos europeos como excesivo y políticamente incómodo.

La crisis energética incrementa la tensión

Esto hace que la situación sea aún más delicada, ya que Europa ya está afectada directamente por la guerra. Los combates han elevado los precios del petróleo y el gas, aumentando así los costos energéticos para hogares y empresas.

Esto genera un doble conflicto:

  • Europa desea mantenerse militarmente alejada del conflicto
  • Europa sí siente las consecuencias económicas

Por ello, aumenta la presión para actuar de alguna manera, ya sea diplomática o logísticamente.

Pero el apoyo directo a la guerra de Trump es políticamente muy sensible

Por lo tanto, algunos funcionarios europeos reconocen que la afirmación “esta no es nuestra guerra” solo es parcialmente cierta. Quizás no lo sea militarmente, pero económicamente sí lo es.

La controversia en torno a Rutte también muestra cuán frágil se ha vuelto la relación entre Estados Unidos y Europa. Trump ha estado presionando a sus aliados de la OTAN sobre gasto en defensa, comercio y lealtad geopolítica. Sus duras palabras sobre la “cobardía” europea en el estrecho de Ormuz solo empeoran la situación.

Para Rutte, es un equilibrio complicado. Intenta mantener a Trump satisfecho para asegurar la participación estadounidense en la OTAN. Pero precisamente esa postura amenaza ahora con enfrentarlo a gran parte de Europa.

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