La oleada de ventas en las acciones vinculadas a la inteligencia artificial (IA) obliga a los inversores a plantearse una pregunta incómoda: ¿qué pasará con sus carteras si se desploma la apuesta bursátil por la IA?

Esta semana, empresas como Dell, Ciena y Lumentum perdieron alrededor del 20% de su valor en bolsa. Los bonos emitidos para financiar centros de datos también sufrieron fuertes presiones. Al mismo tiempo, la rentabilidad de la deuda estadounidense a diez años cayó unos 24 puntos básicos, un movimiento que ofrece una primera pista sobre dónde buscan refugio los inversores.

Dell Technologies sufrió fuertes caídas esta semana.
Dell Technologies sufrió fuertes caídas esta semana. Fuente: TradingView

La deuda pública como cobertura clásica

La deuda pública estadounidense es una de las posibles vías de protección. Un desplome de la inversión en IA podría frenar considerablemente el crecimiento económico. En ese escenario, algunos estrategas consideran que la Reserva Federal acabaría teniendo que recortar los tipos de interés de forma drástica.

Los bonos a largo plazo suelen beneficiarse de las bajadas de tipos. Pero hay un problema: mientras continúe la escalada bursátil de la IA y la inflación siga elevada, las rentabilidades de los bonos podrían seguir subiendo. Por tanto, resulta difícil acertar con el momento de adoptar esta cobertura.

El oro y otros mercados

El oro también figura entre las alternativas. Si un desplome de la IA obliga a los bancos centrales a inyectar de nuevo grandes cantidades de liquidez en el sistema financiero, el metal precioso podría acabar beneficiándose.

Los inversores también se fijan en mercados con una exposición directa relativamente baja a la IA, como determinados segmentos de India, Latinoamérica o Polonia, así como en sectores más defensivos, como la sanidad, las telecomunicaciones y los servicios públicos.

Las acciones de valor pueden resistir mejor

Duncan Lamont, de Schroders, ve oportunidades sobre todo en las acciones de valor. Según explica, los datos históricos desde 1996 muestran que estas se mantuvieron, de media, prácticamente sin cambios en los trimestres en los que las acciones de empresas de semiconductores sufrieron fuertes caídas.

Así, cuando las acciones de los fabricantes de chips perdieron de media entre un 12% y un 15%, las acciones de valor resistieron relativamente bien. No obstante, importa cómo se aplique esta estrategia. Muchos de los ETF más populares centrados en acciones de valor incluyen ya grandes tecnológicas, por lo que los inversores pueden estar menos diversificados de lo que creen.

No existe una protección perfecta

Esa es, en definitiva, la cuestión principal. Un desplome de la IA podría afectar no solo a las acciones, sino también al crédito, las materias primas y los mercados de bonos.

La liquidez, la deuda pública, el oro, las acciones de valor y los mercados menos expuestos al sector tecnológico pueden ofrecer protección, pero ninguna cobertura funciona en todas las circunstancias.

Precisamente porque la IA está ya tan presente en prácticamente todos los mercados financieros, la diversificación cobra más importancia a medida que aumentan las valoraciones.

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